Cambio climático y contaminación: factores ambientales que también ponen en riesgo el corazón

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La evidencia científica relaciona la exposición a partículas contaminantes (PM2,5) y al calor extremo con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares.

Durante años, los principales factores de riesgo cardiovascular se han centrado en la hipertensión, el tabaquismo, la obesidad o el sedentarismo. Sin embargo, la evidencia científica muestra que el medio ambiente también desempeña un papel determinante en la salud del corazón.

Especialistas advierten que la contaminación del aire, las olas de calor, el frío extremo y la exposición a partículas contaminantes pueden favorecer la aparición de infartos, insuficiencia cardíaca, enfermedad cerebrovascular y otras complicaciones cardiovasculares, convirtiéndose en un factor de riesgo cada vez más relevante para la práctica clínica.

Las partículas PM2,5

Uno de los contaminantes más preocupantes son las partículas finas PM2,5, diminutas partículas suspendidas en el aire que provienen del humo, el polvo, la combustión y otras fuentes contaminantes.

Debido a su tamaño microscópico, estas partículas pueden llegar hasta los alvéolos pulmonares, ingresar al torrente sanguíneo y desencadenar procesos de inflamación, estrés oxidativo, alteraciones en el endotelio y formación de trombos, mecanismos estrechamente relacionados con las enfermedades cardiovasculares.

«Las partículas finas (PM2,5) son el factor de riesgo más influyente en la mortalidad y discapacidad cardiovascular en el mundo. Se vinculan con todo el espectro de enfermedades que vemos en el consultorio: cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca, hipertensión y enfermedad vascular cerebral», explicó el Dr. Diego Araiza Garaygordobil, cardiólogo e investigador del Instituto Nacional de Cardiología «Ignacio Chávez», de México.

El cambio climático también aumenta el riesgo de infarto

La evidencia también relaciona las temperaturas extremas con un mayor riesgo cardiovascular.

Diversos estudios han encontrado que tanto el calor intenso como el frío extremo incrementan la probabilidad de sufrir un infarto de miocardio, mientras que las olas de calor se asocian con una mayor mortalidad, especialmente en adultos mayores.

Asimismo, la exposición a ozono troposférico, humo de incendios forestales y mayores concentraciones de PM2,5 favorece procesos inflamatorios que aumentan el riesgo de infarto, fibrilación auricular y paro cardíaco.

Según los datos citados por los especialistas, aproximadamente la mitad de las 6,7 millones de muertes atribuibles a la contaminación atmosférica en 2019 estuvieron relacionadas con enfermedades cardiovasculares.

Los expertos consideran que la evaluación cardiovascular debe ir más allá de los factores de riesgo tradicionales e incorporar preguntas sobre el entorno donde viven los pacientes. «La exposición ambiental ya es un factor de riesgo cardiovascular modificable y pertenece a la historia clínica del paciente», enfatizó el Dr. Araiza Garaygordobil.

En este sentido, recomiendan investigar aspectos como la calidad del aire, la exposición al humo, el uso de combustibles de biomasa en el hogar, las condiciones de vivienda y la vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos.

Además de impulsar políticas para reducir la contaminación y promover ciudades más sostenibles, los especialistas señalan que los profesionales de la salud pueden orientar a sus pacientes sobre medidas preventivas como evitar la exposición durante episodios de mala calidad del aire, utilizar filtros o mascarillas cuando sea necesario, mantenerse hidratados durante las olas de calor y realizar actividad física en espacios verdes cuando las condiciones ambientales lo permitan.

Los autores concluyen que comprender la relación entre cambio climático y salud cardiovascular será cada vez más importante para prevenir complicaciones, identificar a los pacientes más vulnerables y fortalecer la atención médica frente a un entorno ambiental en constante transformación.

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