El cáncer ginecológico continúa representando un reto significativo en Puerto Rico, no solo por su incidencia, sino por las barreras que enfrentan las pacientes para acceder a diagnóstico, tratamiento e información. Así lo explica la Dra. Sharee A. Umpierre, MD del Centro Comprensivo de Cáncer.
Más allá del abordaje clínico, la especialista enfatiza en un componente clave: la educación y la creación de comunidad entre pacientes.
Crear comunidad
Uno de los principales enfoques de la doctora Umpierre es llevar información clara y accesible no solo a las pacientes, sino también a sus cuidadores y redes de apoyo. “Se trata de ofrecer un espacio donde puedan conocerse, compartir experiencias y construir comunidad”.
Este tipo de iniciativas no solo permite que las pacientes se sientan acompañadas, sino que también abre la puerta a conversaciones necesarias sobre diagnóstico, tratamiento y bienestar emocional. A pesar de contar con una población altamente vacunada, Puerto Rico presenta la incidencia más alta de cáncer cervical en comparación con el resto de Estados Unidos.
Para la especialista, esta realidad responde a múltiples factores:
- Problemas de acceso a servicios de salud
- Escasez de profesionales
- Falta de adherencia al tamizaje (cernimiento)
- Oportunidades desaprovechadas de vacunación
“El problema no es solo la disponibilidad de herramientas, sino el uso que se hace de ellas”, señala.
El cáncer de endometrio en aumento
Otro de los grandes retos actuales es el cáncer de endometrio, cuyo aumento se asocia principalmente con la obesidad.
Aunque existen múltiples factores de riesgo, la especialista subraya que muchas pacientes no logran hacer la conexión entre esta condición y el desarrollo de cáncer, lo que dificulta la prevención y el diagnóstico temprano. “Estamos viendo un incremento significativo, y es importante que las mujeres entiendan qué factores pueden modificar para proteger su salud”, advierte.
Para la doctora Umpierre, uno de los pilares del manejo del cáncer es que la paciente esté informada. “Mientras más información tenga, mejores decisiones puede tomar sobre su salud”.Este conocimiento no solo impacta la adherencia al tratamiento, sino que transforma la relación médico-paciente en un verdadero trabajo en equipo. Lejos de ser un proceso unilateral, el tratamiento del cáncer ginecológico requiere colaboración.“No es un médico y una paciente. Es un equipo”, enfatiza.
Cuando la paciente comprende su diagnóstico y las recomendaciones médicas, se fortalece la comunicación, mejora la toma de decisiones y aumenta la probabilidad de éxito terapéutico. Los espacios educativos también permiten a las pacientes acceder a médicos fuera de su equipo tratante, ampliando sus fuentes de información y generando mayor seguridad.
Esto no reemplaza la atención primaria, pero sí la complementa, ofreciendo alternativas, resolviendo dudas y brindando herramientas para afrontar no solo la enfermedad, sino también su impacto familiar.
No están solas
El mensaje de la especialista es claro: las pacientes no están solas.
“La ciencia está ahí, los médicos estamos ahí para ayudarlas, y ellas tienen el poder de informarse y tomar control de su salud”. En un contexto donde los desafíos persisten, la educación, el acceso y el acompañamiento se consolidan como pilares fundamentales para mejorar los resultados en cáncer ginecológico y, sobre todo, la calidad de vida de las pacientes.









