El dolor crónico puede afectar mucho más que la salud física. Su impacto puede extenderse al trabajo, la vida cotidiana y el bienestar emocional, deteriorando la calidad de vida de formas que no siempre son visibles para quienes rodean al paciente.
“Cuando alguien tiene dolor, no puede funcionar en su trabajo, no puede funcionar en su diario y su calidad de vida se ve afectada”, expresó la Dra. Waleska Crespo, directora de la Universidad Central del Caribe, sobre la relación entre dolor crónico, deterioro cognitivo y uso problemático de sustancias.
Una condición que también afecta el bienestar emocional
Para la especialista, el manejo del dolor no puede limitarse únicamente al síntoma físico. A medida que la condición persiste, puede afectar la esfera emocional y requerir una atención que considere las distintas necesidades del paciente.
Esta perspectiva resulta especialmente relevante en condiciones complejas, donde la atención clínica puede concentrarse en el diagnóstico o el tratamiento sin considerar suficientemente cómo la enfermedad está transformando la vida diaria de la persona.
Dolor crónico y riesgo de uso problemático

La relación entre dolor crónico y uso problemático de sustancias tampoco es automática. Sin embargo, ambas condiciones pueden coexistir y, en algunos pacientes, el manejo farmacológico del dolor puede estar asociado al desarrollo de dependencia o uso problemático.
“El manejo del dolor crónico quizás fue lo que me disparó la dependencia al uso problemático de alguna sustancia”, explicó la especialista, al destacar la importancia de identificar estos riesgos y buscar alternativas terapéuticas que permitan individualizar la atención.
Más allá de controlar el síntoma
El abordaje, según planteó, debe comenzar por comprender qué está provocando el dolor. “Tenemos que ir a buscar qué es lo que está causando ese dolor crónico”, afirmó la directora.
En el caso del dolor lumbar, por ejemplo, factores como la postura, los movimientos repetitivos o la forma de levantar objetos pueden contribuir a mantener el problema. Identificarlos permite pensar no solo en aliviar el dolor, sino también en prevenir nuevas lesiones y complementar el tratamiento con otras intervenciones, incluido el apoyo al bienestar emocional.
Rigurosidad clínica sin perder la empatía
Este enfoque también resulta fundamental en el manejo de pacientes con uso problemático de sustancias. Para la especialista, la identificación de conductas de riesgo y el seguimiento clínico pueden realizarse sin que el paciente se sienta juzgado. “Podemos mantener un cuidado clínico riguroso con nuestros pacientes sin necesidad de hacer sentir a nuestro paciente mal”, sostuvo.
El objetivo, concluyó, es ampliar las herramientas disponibles para que el tratamiento responda a la realidad de cada paciente. Más allá del diagnóstico, el dolor crónico y el uso problemático de sustancias requieren una atención que combine el manejo clínico con la comprensión de las necesidades físicas, emocionales y sociales de cada persona.









