Un estudio reciente publicado en Nature Communications analizó rigurosamente el impacto de la metformina en la resistencia a la insulina en adultos con diabetes tipo 1. Tras 26 semanas de tratamiento, los investigadores concluyeron que el fármaco no mejora la sensibilidad a la insulina en hígado, músculo ni tejido adiposo, pese a ser ampliamente utilizado como terapia coadyuvante.
La diabetes tipo 1 es un trastorno autoinmune que destruye las células beta del páncreas, responsables de producir insulina. Aunque el tratamiento se basa en terapia insulínica, muchos pacientes desarrollan resistencia a la insulina, un problema asociado a un mayor riesgo cardiovascular.
Una de las causas es la vía subcutánea de la administración de insulina, que altera el gradiente portal-periférico. Esta resistencia puede manifestarse tanto a nivel hepático como muscular, pero hasta ahora no se sabía cuál de estos componentes impulsaba más el riesgo cardiometabólico.
Metformina: útil para diabetes tipo 2, incierta para tipo 1
La metformina es un medicamento oral, seguro y económico, ampliamente usado en diabetes tipo 2. Algunos médicos la han utilizado “off label” para diabetes tipo 1, buscando disminuir la resistencia a la insulina y mejorar parámetros cardiometabólicos.
Sin embargo, su mecanismo de acción sigue sin comprenderse completamente, aunque se sabe que modifica el metabolismo hepático y muscular e incrementa el nivel circulante de GDF15, una hormona asociada con regulación del apetito y peso corporal.
A pesar de sus beneficios demostrados en diabetes tipo 2, no existían estudios que evaluaran directamente su impacto en la resistencia a la insulina en diabetes tipo 1 utilizando el estándar de oro: el clamp hiperinsulinémico-euglucémico.
El estudio INTIMET
El ensayo clínico INTIMET reclutó a 40 adultos con diabetes tipo 1 y 20 adultos sanos. Los participantes con diabetes tenían entre 20 y 55 años, HbA1c inferior a 9.5 % y ausencia de péptido C. Tras los estudios basales, fueron asignados aleatoriamente a metformina o placebo durante 26 semanas.
El protocolo incluyó mediciones detalladas de:
- Sensibilidad hepática a la insulina (producción endógena de glucosa, EGP)
- Sensibilidad del tejido adiposo (niveles de ácidos grasos no esterificados, NEFA)
- Sensibilidad muscular (tasa de infusión de glucosa, GIR)
- Fotografía de retina, indicadores cardiometabólicos, y perfiles lipídicos
Resultados basales
- Los participantes con diabetes tipo 1 mostraron mayor resistencia a la insulina en hígado, músculo y tejido adiposo comparados con el grupo sano.
- Presentaron mayores niveles de EGP y NEFA, y menor GIR, lo que evidencia defectos en la supresión hepática de glucosa y en la captación muscular.
- También tenían niveles elevados de sICAM-1 y GDF15, junto con alteraciones en IGF-1, SHBG y HDL.
Estas diferencias confirmaron que la resistencia a la insulina es un rasgo metabólico clave en diabetes tipo 1 y un potencial impulsor del riesgo cardiovascular.
Hallazgos principales: metformina no mejora la resistencia a la insulina
De los 40 participantes, 37 completaron el estudio. La adherencia fue similar en ambos grupos y el tratamiento fue bien tolerado.
Los resultados mostraron que:
- No hubo cambios significativos en la resistencia hepática (EGP).
- No hubo diferencias en la sensibilidad muscular (GIR).
- No mejoró la sensibilidad del tejido adiposo (NEFA).
- HbA1c y variabilidad glucémica permanecieron sin cambios.
- El glucagón, en ayunas y durante el clamp, no se modificó.
Un beneficio secundario: menos insulina diaria
Aunque no mejoró la resistencia a la insulina, la metformina sí logró:
- Reducir la dosis total diaria de insulina, independientemente de la edad, sexo, HbA1c inicial, IMC o tipo de administración (bombas o múltiples inyecciones).
- Aumentar los niveles de GDF15, coherente con sus efectos biológicos conocidos.
Los investigadores concluyen que la metformina es segura y bien tolerada, pero no mejora la resistencia específica a la insulina en músculo, hígado o tejido adiposo en adultos con diabetes tipo 1, incluso utilizando mediciones altamente precisas.
Aun así, la reducción en los requerimientos de insulina podría ofrecer beneficios cardiovasculares a largo plazo al disminuir la hiperinsulinemia periférica, un aspecto que merece investigación futura.
El estudio reconoce limitaciones, como el tamaño de muestra relativamente pequeño y la falta de diversidad étnica, lo que podría restringir la generalización de los hallazgos.
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