La atención del paciente crítico en los servicios de emergencias está experimentando una transformación impulsada por la farmacología de precisión, un enfoque que reemplaza los esquemas estandarizados por decisiones terapéuticas adaptadas a las características clínicas de cada persona. Según explicó la Dra. María Ramos Fernández, emergencióloga y miembro del Colegio de Emergenciólogos de Puerto Rico, el aumento de pacientes con múltiples enfermedades crónicas exige abandonar los protocolos rígidos y avanzar hacia tratamientos individualizados.

«La población que atendemos tiene cada vez más comorbilidades y eso impacta directamente las decisiones terapéuticas. No todo puede estar protocolizado; la medicina debe ajustarse a las necesidades de cada paciente», señaló la especialista.
Una población más compleja exige tratamientos personalizados
El envejecimiento poblacional ha incrementado la frecuencia de pacientes con insuficiencia cardíaca, enfermedad renal, diabetes y otras condiciones que modifican la respuesta a los medicamentos. En este contexto, la selección de fluidos, antibióticos, sedantes o vasopresores debe considerar factores como el peso, la función renal, las enfermedades concomitantes y las posibles interacciones farmacológicas.
La emergencióloga destacó que “este cambio también ha permitido incorporar a la medicina de emergencias terapias que anteriormente se utilizaban casi exclusivamente en unidades de cuidado crítico”, como el empleo de múltiples vasopresores, la analgesia multimodal, la ketamina y otros fármacos con perfiles de seguridad más favorables.
Biomarcadores y sonografía orientan las decisiones clínicas
La especialista explicó que “herramientas como el lactato sérico, otros biomarcadores y la sonografía a la cabecera del paciente permiten evaluar de forma dinámica la respuesta al tratamiento y ajustar las intervenciones según la evolución clínica”.
Este enfoque facilita identificar qué pacientes requieren mayor soporte hemodinámico, cuáles toleran menos líquidos intravenosos y cuándo iniciar otras estrategias terapéuticas, reduciendo intervenciones innecesarias.

La sepsis abandona los protocolos uniformes
Uno de los cambios más relevantes ocurre en el manejo de la sepsis. Actualmente, la evidencia favorece una resucitación individualizada, en la que la administración de fluidos y vasopresores se adapta a la condición clínica del paciente, en lugar de aplicar volúmenes predeterminados para todos.
«Sí vamos a necesitar fluidos, antibióticos y vasopresores, pero el tiempo y las cantidades van a depender de lo que el paciente necesita», explicó la emergencióloga.
Añadió que pacientes con insuficiencia cardíaca u otras comorbilidades pueden deteriorarse si reciben grandes volúmenes de líquidos de forma indiscriminada, por lo que la evaluación continua resulta esencial para optimizar el tratamiento.
La precisión clínica redefine la medicina de emergencias
Para la especialista, “el futuro de la medicina de emergencias dependerá cada vez más de integrar la información clínica, los biomarcadores y las herramientas diagnósticas disponibles para personalizar las decisiones terapéuticas desde los primeros minutos de atención”.
Este cambio de paradigma busca mejorar la seguridad del paciente, optimizar la respuesta a los tratamientos y reducir complicaciones asociadas a intervenciones que ya no responden a las necesidades de una población cada vez más compleja.









