La Asociación Estadounidense de Endocrinología Clínica (AACE) publicó su nueva Guía de Práctica Clínica 2025 para el manejo farmacológico de la dislipidemia en adultos, una actualización que marca un giro relevante respecto a las recomendaciones de 2017. Al adoptar oficialmente la metodología GRADE, el documento introduce un enfoque más transparente y centrado en el paciente, priorizando resultados clínicos “duros”, como mortalidad y eventos cardiovasculares, por encima de cambios en el perfil lipídico.
El nuevo grupo de trabajo, conformado por especialistas clínicos, metodólogos y expertos en evidencia, revisó la literatura más reciente sobre terapias no estatínicas. Aunque las estatinas y la modificación del estilo de vida siguen siendo la base del tratamiento, la guía se centra en medicamentos emergentes como los inhibidores de PCSK9, el ácido bempedoico y formulaciones modernas de ácidos grasos omega-3.
Las recomendaciones reconocen importantes vacíos en la evidencia: muchos de los nuevos fármacos han demostrado reducciones en colesterol LDL, pero cuentan con datos limitados sobre su impacto real en eventos cardiovasculares. Por esta razón, la AACE emitió recomendaciones más cautelosas, incluyendo una recomendación condicional a favor del ácido eicosapentaenoico en monoterapia para hipertrigliceridemia moderada, y recomendaciones en contra del uso combinado EPA+DHA y de la niacina debido a su eficacia limitada y mayor riesgo de efectos adversos.
Uno de los cambios más significativos es la reevaluación de los objetivos de C-LDL. A diferencia de la guía de 2017, que proponía metas muy bajas (<55 mg/dL) para pacientes de muy alto riesgo, la actualización señala que la evidencia disponible no respalda de forma sólida beneficios adicionales en eventos cardiovasculares al alcanzar niveles tan reducidos. Con base en la certeza limitada de los datos y en consideraciones de equidad y costos, la guía recomienda de manera condicional un objetivo menos estricto: C-LDL <70 mg/dL para personas con ECVA o alto riesgo cardiovascular.
La guía también hace énfasis en la toma de decisiones compartida y en la importancia de considerar preferencias del paciente, acceso a medicamentos, equidad y viabilidad de las intervenciones. Si bien herramientas como la calculadora PREVENT se recomiendan para evaluar el riesgo cardiovascular, la evidencia no demuestra beneficios claros al incorporar pruebas adicionales como la puntuación de calcio coronario o la medición de lipoproteína(a) en todos los casos.
En conjunto, la actualización de la AACE refleja una visión más prudente del tratamiento intensivo de la dislipidemia y subraya la necesidad de estudios que aporten datos más robustos sobre los nuevos fármacos hipolipemiantes. Al mismo tiempo, refuerza el rol del endocrinólogo y del equipo de atención en la construcción de planes terapéuticos individualizados, con un equilibrio más cuidadoso entre beneficio clínico, riesgos y accesibilidad.Nota original AQUÍ









