La resistencia antimicrobiana ya no es un problema del futuro: es una realidad que afecta a pacientes, hospitales y sistemas de salud en todo el mundo. Para la Dra. Marielys Otero, infectóloga y pasada presidenta de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de Puerto Rico, se trata de una crisis que trasciende fronteras. “No es un problema exclusivo de un país. Es un problema global impulsado por la globalización y nuestras prácticas como sociedad”.
Un fenómeno que conecta humanos, animales y ambiente
Uno de los aspectos más preocupantes es que la resistencia no se limita al ámbito clínico. El uso de antibióticos en la ganadería y la agricultura también influye directamente: “Si utilizamos antibióticos innecesariamente en animales, esa resistencia eventualmente puede llegar al ser humano”.
Además, factores como el manejo de aguas residuales pueden facilitar la propagación de bacterias resistentes a través de alimentos y entornos. El impacto es cada vez más evidente en la práctica clínica. “Lo que antes resolvíamos con un solo antibiótico, ahora requiere combinaciones y dosis más altas”, explica.
Esto no solo aumenta el riesgo de efectos secundarios, sino que también incrementa los costos. “Las nuevas moléculas son costosas, lo que impacta tanto a los sistemas de salud como a los pacientes”. En los escenarios más críticos, la falta de opciones terapéuticas puede derivar en complicaciones graves e incluso la muerte.
Presión sobre los sistemas de salud
La resistencia antimicrobiana también representa una carga económica significativa. “Si no controlamos esto, aumentarán las hospitalizaciones, las complicaciones y los costos en salud”. En contextos como Puerto Rico, donde el sistema sanitario enfrenta desafíos estructurales, este problema puede agravar aún más la situación.
Frente a este panorama, existen acciones clave desde distintos niveles:
En hospitales:
- Programas de uso racional de antibióticos
- Ajuste de tratamientos según resultados microbiológicos
- Terapias más cortas
A nivel individual:
- No automedicarse
- Completar tratamientos
- Mantener higiene adecuada
- Vacunarse
“Si prevenimos infecciones, reducimos la necesidad de antibióticos”, destaca. La experta subraya que la solución requiere la participación de todos los sectores: médicos, pacientes, gobiernos e industria. “Tenemos que trabajar desde la salud humana, la salud animal y las políticas públicas”.
Además, hace un llamado a fortalecer la educación y la regulación. “Se deben promover campañas y legislar para evitar la venta de antibióticos sin receta”.
El mayor riesgo es claro, quedarnos sin herramientas para tratar infecciones comunes. “Si no actuamos ahora, podríamos enfrentar un futuro sin opciones efectivas para tratar enfermedades que hoy son simples”. La resistencia antimicrobiana no es solo un desafío médico, sino un problema que definirá el futuro de la salud global.









