Los cambios hormonales pueden afectar el sueño, la memoria, el estado de ánimo y la salud genitourinaria, más allá de los sofocos. La Dra. Gladysmaria Figueroa, ginecóloga obstetra, advierte que reconocer estos síntomas y validar las experiencias de las pacientes es fundamental para mejorar la atención durante esta etapa.
“La menopausia, para empezar, no es una enfermedad, es una transición. Es como la adolescencia tardía. Es una etapa natural, no es el final”, afirmó la ginecóloga durante el seminario Menopausia sin filtro, en el que abordó los cambios físicos, cognitivos y emocionales asociados con esta etapa de la salud femenina.
Una transición que va más allá de los sofocos
La transición menopáusica comprende distintas etapas: la perimenopausia, cuando comienzan las fluctuaciones hormonales y pueden aparecer cambios en el ciclo menstrual; la menopausia, que se establece después de 12 meses consecutivos sin menstruación; y la posmenopausia, que comienza a partir de ese momento. La perimenopausia puede extenderse durante varios años y, según explicó la especialista, llegar a durar hasta una década.
Aunque los sofocos y las menstruaciones irregulares suelen motivar la consulta, existen otras manifestaciones que pueden pasar inadvertidas. Entre ellas figuran “las alteraciones del sueño, la ansiedad, la irritabilidad, las dificultades para concentrarse y la llamada niebla mental”, explicó la especialista, además de los cambios en la distribución de la grasa corporal, la piel, el cabello y la masa muscular.
“Muchas veces las pacientes llegan quejándose por los síntomas que ellas sienten, pero hay una parte muy importante que son los síntomas que no se ven”, advirtió la experta. La especialista señaló que también es necesario prestar atención a las consecuencias que pueden aparecer a largo plazo, como la pérdida de densidad ósea y los cambios en el riesgo cardiovascular.

El diagnóstico comienza con escuchar a la paciente
Uno de los mensajes centrales de la ginecóloga es que, en mujeres de la edad habitual y con manifestaciones características, el diagnóstico de la menopausia suele ser clínico. Esto significa que se fundamenta en la historia menstrual, la edad y los síntomas, sin que sea necesario recurrir de forma rutinaria a análisis hormonales para confirmar la transición. En situaciones particulares, como una posible insuficiencia ovárica prematura o temprana, pueden requerirse estudios adicionales.
“Así que, si algo que yo quiero que recuerden de esta conferencia es que el diagnóstico es clínico”, enfatizó la ginecóloga. La evaluación médica permite determinar si los síntomas corresponden a la transición menopáusica o si es necesario investigar otras causas.
La especialista también cuestionó las respuestas insuficientes que algunas mujeres reciben cuando buscan orientación. En su experiencia clínica, hay pacientes que atribuyen sus molestias a la edad o que han pasado por consultas sin obtener una explicación clara de lo que les ocurre.
“Todos los días recibo pacientes nuevas donde me dicen, ‘yo le dije esto mismo al doctor y no me hizo caso’”, relató la experta, quien invita a escuchar y validar los síntomas como un paso esencial para que las pacientes puedan comprender sus cambios, explorar alternativas y construir un plan de atención individualizado.
La atención debe responder a los síntomas, los antecedentes y los riesgos individuales. Existen alternativas hormonales y no hormonales, pero su selección requiere una evaluación clínica que permita determinar cuáles son apropiadas para cada paciente.
El mensaje de la especialista es que “ninguna mujer debería asumir que tiene que soportar los cambios de esta etapa sin orientación”, concluyó. Registrar los síntomas, explicar cómo afectan la vida diaria y plantear preguntas durante la consulta puede facilitar una conversación médica más productiva.









