Una revisión sistemática de la literatura reveló que cada vez más padres están rechazando la aplicación de vitamina K intramuscular a sus recién nacidos, una intervención recomendada desde hace más de seis décadas para prevenir hemorragias potencialmente mortales.
El análisis, presentado en el marco de la reunión anual de la American Academy of Neurology, fue liderado por la Dra. Kate Semidey, de la Florida International University, en Miami. Aunque la negativa sigue siendo poco frecuente en Estados Unidos con tasas generalmente por debajo del 1 % en la mayoría de los hospitales, los investigadores identificaron una tendencia ascendente en los últimos años.
“La vitamina K al nacer es segura y efectiva. Sin embargo, nuestra revisión encontró que, en años recientes, ha aumentado el número de padres que rechazan este suplemento para sus recién nacidos”, señaló Semidey en un comunicado.
Un riesgo 81 veces mayor de sangrado
La vitamina K administrada al nacer previene la hemorragia por deficiencia de vitamina K, una condición rara pero grave. Sin esta profilaxis, los bebés son 81 veces más propensos a desarrollar esta complicación, según el estudio.
La forma tardía de esta hemorragia puede presentarse entre la primera semana y los seis meses de vida, y con frecuencia se manifiesta como hemorragia intracraneal. Esta complicación conlleva una mortalidad de entre 15 % y 20 %, y hasta un 50 % de los sobrevivientes puede presentar discapacidad neurológica a largo plazo.
Desde 1961, la American Academy of Pediatrics recomienda la aplicación rutinaria de vitamina K en recién nacidos, una práctica que prácticamente eliminó esta condición en Estados Unidos.
Investigaciones publicadas recientemente en JAMA, lideradas por la Dra. Kristan Scott, del Children’s Hospital of Philadelphia, analizaron registros electrónicos de salud de 403 hospitales estadounidenses.
Los resultados mostraron que el porcentaje de recién nacidos que no recibieron vitamina K intramuscular aumentó de 2.92 % en 2017 a 5.18 % en 2024. “Sabemos de manera inequívoca que los bebés que no reciben vitamina K tienen un riesgo significativamente mayor de sangrado grave”, afirmó Scott. “Puede presentarse en la piel, el tracto gastrointestinal e incluso en el cerebro, lo que puede provocar complicaciones severas, incluida la muerte”.
Un fenómeno vinculado a la desconfianza sanitaria
La revisión sistemática incluyó 25 estudios publicados entre 2005 y 2025. En Minnesota, la negativa aumentó de 0.9 % en 2015 a 1.6 % en 2019. En estados como California, Connecticut e Iowa, las tasas oscilaron entre 0.2 % y 1.3 % en 2018 y 2019, aunque más de la mitad de los profesionales de salud percibieron incrementos.
A nivel internacional, las tasas variaron entre 1% y 3% en Canadá, Nueva Zelanda y Escocia, y superaron el 30% en algunos centros de parto.
Además, en Estados Unidos, los padres que rechazaron la vitamina K fueron 90 veces más propensos a rechazar también la vacuna contra la hepatitis B y la profilaxis ocular neonatal. En Canadá y Nueva Zelanda, la negativa a la vitamina K se asoció con menor probabilidad de completar esquemas de vacunación infantil.
Entre los factores de riesgo identificados se encuentran el parto en casa, la atención por parteras y filosofías de crianza “naturales”. Las preocupaciones más frecuentes de los padres incluyeron el dolor, los conservantes y la desinformación.
Una alerta para la salud neurológica infantil
Los autores advierten que, aunque la negativa sigue siendo poco común, el aumento representa un riesgo desproporcionado de daño neurológico prevenible. “Para los neurólogos, esta tendencia anticipa una mayor carga de trastornos del desarrollo evitables”, señalaron los investigadores. “La aceptación universal requiere consejería prenatal, mensajes dirigidos y salvaguardas de política pública para reducir la discapacidad neurológica prevenible”.
La evidencia es contundente: la vitamina K al nacer es una intervención segura, eficaz y clave para prevenir muertes y secuelas permanentes en los primeros meses de vida.
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