Navidad bajo presión, el impacto silencioso de las fiestas en la salud mental

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La reducción de luz solar, la presión social y las emociones acumuladas hacen de la temporada navideña un periodo especialmente vulnerable para la mente.

La Navidad suele asociarse con celebración, unión familiar y momentos de alegría. Sin embargo, para muchas personas, esta época del año representa todo lo contrario: un aumento significativo de la ansiedad, la tristeza y el estrés emocional. Diversos expertos coinciden en que diciembre es uno de los meses más desafiantes para la salud mental, especialmente en quienes ya conviven con trastornos psicológicos.

Trastornos que se intensifican en diciembre

Uno de los cuadros más frecuentes durante esta temporada es el trastorno afectivo estacional (TAE), una forma de depresión vinculada a la disminución de la exposición a la luz solar. Este trastorno suele manifestarse con cansancio persistente, bajo estado de ánimo, falta de motivación y un aumento del deseo de dormir o comer, síntomas que tienden a mejorar con la llegada de la primavera.

A este fenómeno se suma lo que popularmente se conoce como “holiday blues” o depresión navideña, un conjunto de síntomas emocionales que incluyen tristeza, irritabilidad, ansiedad y apatía. Aunque no constituye un diagnóstico clínico formal, es una experiencia ampliamente reportada y puede intensificar condiciones de salud mental ya existentes.

La ansiedad también ocupa un lugar central durante las fiestas. Las exigencias económicas, las expectativas sociales y los conflictos familiares generan un ambiente de alta presión. Algunas investigaciones indican que hasta un 65 % de las personas experimentan niveles elevados de estrés durante la temporada navideña.

¿Quiénes son más vulnerables?

No todas las personas viven la Navidad de la misma manera. Quienes tienen antecedentes de trastornos mentales, atraviesan procesos de duelo, viven solos o cuentan con redes de apoyo limitadas suelen presentar una mayor vulnerabilidad emocional en estas fechas.

El psicólogo Iván Morales describe este fenómeno como una especie de “depresión blanca”, marcada por sentimientos de soledad, melancolía y la reaparición de heridas emocionales, en contraste con el mandato social de mostrarse feliz y agradecido durante las fiestas.

Estrategias para cuidar la salud mental

Aunque la temporada puede ser emocionalmente exigente, existen herramientas que ayudan a reducir su impacto. Mantener rutinas saludables, como realizar actividad física, respetar horarios de descanso y llevar una alimentación balanceada, contribuye a estabilizar el estado de ánimo.

Asimismo, establecer límites realistas en los compromisos sociales, planificar los gastos navideños y priorizar relaciones significativas puede disminuir el estrés. Reconocer que no es necesario cumplir con todas las expectativas también forma parte del autocuidado.

Cuando los síntomas son persistentes o intensos, buscar apoyo profesional es fundamental. La terapia cognitivo-conductual y el acompañamiento psicológico han demostrado ser eficaces para manejar la depresión y la ansiedad asociadas a esta época del año.

La Navidad no siempre es sinónimo de felicidad. Sus efectos sobre la salud mental responden a una compleja interacción entre factores biológicos, sociales y culturales. Visibilizar esta realidad, promover la empatía y fomentar espacios de apoyo puede marcar una diferencia significativa para quienes atraviesan diciembre con más carga emocional que celebración.Fuente original aquí

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