Los llamados químicos eternos, presentes durante décadas en distintos productos industriales y de consumo, vuelven a estar bajo la mirada de la comunidad científica. Un estudio prospectivo publicado en el Journal of Clinical Oncology encontró una asociación entre concentraciones elevadas de determinadas sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) y el desarrollo de cáncer de mama con receptores de estrógeno negativos (ER negativos).
La investigación, liderada por Alexandra J. White, PhD, del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos, plantea nuevas interrogantes sobre el papel de los contaminantes ambientales en la aparición de tumores mamarios de comportamiento más agresivo. Los investigadores analizaron dos compuestos ampliamente utilizados durante décadas: el ácido perfluorooctanoico (PFOA) y el sulfonato de perfluorooctano (PFOS).
Los resultados mostraron que las mujeres con las concentraciones más elevadas de PFOA presentaron un riesgo relativo un 67 % mayor de desarrollar cáncer de mama ER negativo, en comparación con aquellas con los niveles más bajos. En el caso del PFOS, la asociación fue todavía más pronunciada, con un 93 % más de riesgo relativo entre las participantes con mayor exposición.
Estos hallazgos fueron respaldados parcialmente por un metaanálisis de siete estudios, que identificó una asociación estadísticamente significativa para el PFOA, mientras que los resultados relacionados con el PFOS fueron menos concluyentes. Aunque los resultados son relevantes, los investigadores enfatizan que se trata de asociaciones epidemiológicas, por lo que no demuestran que estas sustancias causen directamente cáncer de mama.
¿Cómo podrían los PFAS influir en el desarrollo de tumores agresivos?
Uno de los hallazgos más importantes fue que las asociaciones se concentraron principalmente en los tumores con receptores hormonales negativos, lo que sugiere que estos compuestos podrían intervenir mediante mecanismos distintos a la alteración hormonal tradicional. Los científicos plantean que procesos como las modificaciones epigenéticas, capaces de alterar la expresión de los genes, y la inmunosupresión podrían contribuir a explicar esta relación.
Esta hipótesis resulta especialmente relevante porque los tumores ER negativos suelen presentar un comportamiento biológico más agresivo y no responden a las terapias dirigidas contra el receptor de estrógeno.
Los autores destacaron que estos resultados tienen importantes implicaciones para la salud pública, particularmente porque todavía se conocen relativamente pocos factores de riesgo modificables asociados específicamente con este subtipo de cáncer.
Investigación incluyó mujeres de Estados Unidos y Puerto Rico
El análisis utilizó información del Sister Study, una cohorte prospectiva integrada por 50,884 mujeres de entre 35 y 74 años, residentes en Estados Unidos y Puerto Rico, que tenían al menos una hermana diagnosticada con cáncer de mama.
Para esta investigación se incluyeron 1,609 mujeres que desarrollaron cáncer de mama y una muestra de comparación de 2,269 participantes. Mediante técnicas avanzadas de cromatografía líquida y espectrometría de masas de alta resolución, los científicos cuantificaron 17 tipos de PFAS en muestras de plasma obtenidas antes del diagnóstico de cáncer.
Esta metodología permitió evaluar la exposición química previa a la aparición de la enfermedad y explorar posibles asociaciones con diferentes características tumorales. Aunque el PFOA y el PFOS han sido retirados progresivamente de numerosos procesos industriales, los investigadores advierten que estas sustancias pueden permanecer durante años en el ambiente y en el organismo humano.
La Dra. Alexandra J. White señaló que los hallazgos sugieren que estos compuestos podrían representar uno de los factores que contribuyen al riesgo de desarrollar cáncer de mama ER negativo.
Asimismo, indicó que reducir la exposición a fuentes identificadas, como el agua contaminada con PFAS, constituye una medida razonable para las personas preocupadas por estos contaminantes.
Sin embargo, la investigadora destacó la necesidad de ampliar los estudios hacia las nuevas generaciones de PFAS, utilizadas como reemplazo de los compuestos tradicionales, cuyos efectos sobre la salud todavía requieren mayor investigación. Los resultados refuerzan la importancia de estudiar los factores ambientales asociados al cáncer de mama, sin perder de vista que su desarrollo es multifactorial y que la exposición a una sustancia química no determina, por sí sola, la aparición de la enfermedad.









