Diabetes, hipertensión y obesidad: así comienza el daño entre corazón y riñón

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Dr. Ángel M. Montes Avilés, geriatra y médico de familia y Dr. Stefano Coppola-Fasick, nefrólogo. Foto suministradas a PHL.

La relación entre el corazón y los riñones es mucho más estrecha de lo que comúnmente se piensa. Ambos órganos trabajan de forma coordinada para mantener el equilibrio del organismo, por lo que la alteración de uno puede desencadenar complicaciones en el otro.

Así lo explican el Dr. Ángel M. Montes Avilés, geriatra y médico de familia, y el Dr. Stefano Coppola-Fasick, nefrólogo, quienes abordaron las interrelaciones entre el sistema cardiovascular y renal, los factores de riesgo compartidos y las estrategias clave para la detección temprana.

Hiperglucemia y daño vascular

El Dr. Montes explicó que los niveles elevados de azúcar en sangre generan procesos de oxidación celular que impactan de forma directa el sistema cardiovascular y renal. “Cuando hay mucha cantidad de azúcar en sangre se producen problemas de oxidación a nivel de la célula, lo que genera mayor daño, sobre todo cardiovascular e hipertensivo”, señaló.

Las cifras reflejan la magnitud del problema. En Estados Unidos, más de 35 millones de personas viven con enfermedad renal, y uno de cada tres adultos tiene riesgo de desarrollarla, aunque el 90 % desconoce su condición.

Factores de riesgo

Los especialistas coinciden en que la enfermedad renal comparte factores de riesgo con las patologías cardiovasculares.

Modificables

  • Obesidad, tabaquismo, sedentarismo, dieta inadecuada, diabetes mal controlada, hipertensión arterial.

No modificables

  • Edad (pérdida progresiva de nefronas), raza y etnia, historial familiar
  • Predisposición genética

“La hipertensión y la diabetes mellitus son de las principales causas de enfermedad renal”, enfatizó Montes.

Diabetes e hipertensión: los principales detonantes

El Dr. Coppola subrayó que actualmente la diabetes es la causa número uno de enfermedad renal, seguida de la hipertensión.

Ambas condiciones pueden prevenirse o controlarse mediante:

  • Ejercicio regular
  • Alimentación saludable
  • Control glucémico (HbA1c < 7 %)
  • Presión arterial cercana a 120/80 mmHg
  • Evaluaciones médicas periódicas

“La detección temprana permite hacer ajustes a tiempo y evitar la progresión del daño renal”, indicó.

Obesidad y sobrecarga renal

La obesidad también juega un papel determinante.

Según el Dr. Montes:

  • Afecta el sistema cardiovascular.
  • Reduce la perfusión sanguínea renal.
  • Sobrecarga el trabajo del riñón.

Si se asocia a diabetes e hipertensión, el deterioro se acelera, evidenciándose mediante:

  • Proteinuria
  • Disminución del filtrado glomerular

Albuminuria: una señal de alerta temprana

El nefrólogo explicó que la presencia de proteína en la orina es un marcador clave de daño renal.

“La proteína no debería estar en la orina. Cuando aparece, significa que el filtro del riñón está dañado”, detalló.

La albuminuria:

  • Es frecuente en diabetes.
  • Aumenta el riesgo de infarto y fallo cardíaco.
  • Se asocia a mayor progresión de enfermedad renal.

Por ello, uno de los objetivos terapéuticos es reducirla mediante medicamentos para:

  • Controlar la presión
  • Manejar la diabetes
  • Proteger el riñón

Comunicación bidireccional: corazón y riñón

Nuevas investigaciones refuerzan esta conexión.

El Dr. Montes mencionó estudios que evidencian que el riñón enfermo produce vesículas con material genético (RNA) que pueden dañar el corazón, lo que abre la puerta a nuevos tratamientos dirigidos y biomarcadores de daño temprano.

¿Cómo se afectan mutuamente? El Dr. Coppola explicó varios mecanismos:

  • Retención de líquidos: dificulta el trabajo cardíaco.
  • Acumulación de toxinas: daña vasos sanguíneos.
  • Anemia renal: obliga al corazón a bombear más.
  • Alteraciones calcio-fósforo: calcifican vasos y válvulas.
  • Congestión venosa: reduce la filtración renal.

Para los especialistas, comprender esta interacción bidireccional resulta clave para anticipar complicaciones y actuar de forma preventiva. La identificación temprana de factores de riesgo y marcadores de daño permite intervenir antes de que el deterioro sea irreversible, abriendo la puerta a estrategias diagnósticas y terapéuticas más oportunas en el abordaje del síndrome cardiorrenal.

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