Alrededor del 3 % de las mujeres embarazadas desarrollan hiperémesis gravídica, una forma grave de náuseas y vómitos que muchas veces no recibe la atención obstétrica adecuada. La falta de rutas de referencia y especialistas OB/GYN lleva a que algunas pacientes recurran a clínicas de infusión intravenosa (IV) sin supervisión médica.
La hiperémesis gravídica puede provocar deshidratación, déficit nutricional y desequilibrios electrolíticos si no se trata correctamente. En muchos sistemas de salud no hay redes estructuradas que garanticen una atención especializada desde el control prenatal, lo que deja a estas mujeres vulnerables y sin apoyo clínico.
Ante esta carencia, algunas recurren a spas que ofrecen líquidos intravenosos para aliviar los síntomas, aunque estas instalaciones no siempre están reguladas ni cuentan con personal médico con experiencia en embarazos de alto riesgo. Esta situación expone a las pacientes a tratamientos que podrían no ser seguros ni efectivos para su condición médica real.
Los expertos citados por Medscape piden mejorar la educación médica y las políticas sanitarias para reconocer la hiperémesis como una patología seria, más que un malestar pasajero. Proponen rutas de atención claras, equipos multidisciplinarios (OB/GYN, nutricionistas, psicólogos) y derivaciones tempranas desde atención primaria para garantizar intervenciones tempranas y seguras.
También se subraya la urgencia de desestigmatizar la enfermedad: muchas mujeres no denuncian sus síntomas por vergüenza o porque les dicen que «es normal en el embarazo». Reconocerla como un problema clínico legítimo podría impulsar reformas estructurales en la atención prenatal.
Fuente original aquí









