La vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) enfrenta barreras que van más allá del acceso a la vacuna. Un estudio cualitativo realizado en seis jurisdicciones de Estados Unidos encontró que la recomendación de los profesionales de la salud, la comunicación centrada en la prevención del cáncer, la participación comunitaria y las políticas de vacunación escolar son elementos importantes para fortalecer su aceptación, mientras la desinformación y la desconfianza amplificadas tras la pandemia de COVID-19 complican estos esfuerzos.
El estudio, publicado en Frontiers in Public Health, entrevistó entre mayo y agosto de 2024 a nueve informantes clave vinculados con programas de inmunización, salud pública y educación sanitaria en Puerto Rico, Virginia, Washington D.C., Nueva York, Rhode Island y California. Siete de los participantes procedían de jurisdicciones con requisitos de vacunación contra el VPH para el ingreso escolar. Debido al tamaño de la muestra, los autores plantean los resultados como exploratorios, sin establecer comparaciones formales entre jurisdicciones.
Uno de los hallazgos más consistentes fue el papel de los profesionales de la salud como fuentes de confianza para las familias. Los participantes destacaron que capacitar a los proveedores para recomendar la vacuna de manera clara y responder a mitos puede fortalecer la aceptación. También señalaron que presentar la vacunación contra el VPH principalmente como una herramienta de prevención del cáncer, en lugar de enfocarla como prevención de una infección de transmisión sexual, puede facilitar las conversaciones con los padres.
Los informantes también identificaron estrategias como iniciar la vacunación a los 9 años, utilizar materiales educativos adaptados culturalmente y trabajar con organizaciones comunitarias, líderes religiosos y defensores locales. La desinformación apareció como una de las principales barreras, con mitos relacionados con infertilidad, sexualidad y la idea de que la vacuna está dirigida exclusivamente a las niñas. Según los participantes, las redes sociales pueden amplificar estos mensajes y reforzar dudas previamente existentes.
A nivel de políticas públicas, los participantes de jurisdicciones con requisitos de vacunación escolar consideraron que estas medidas pueden contribuir a normalizar la vacunación y persuadir a familias que aún no han tomado una decisión. Sin embargo, también describieron oposición política a los mandatos, preocupaciones sobre la intervención gubernamental en decisiones de salud y barreras estructurales como dificultades de cobertura de seguros y disponibilidad de vacunas o proveedores.
El contexto generado por la pandemia de COVID-19 apareció como un factor transversal. Los informantes señalaron que la interrupción de la atención preventiva y la priorización de la vacunación contra COVID-19 desplazaron temporalmente otras inmunizaciones. Además, algunos percibieron un aumento de la fatiga frente a las vacunas y la desconfianza, aunque las experiencias no fueron uniformes: mientras algunos describieron una mayor resistencia, otros observaron un fortalecimiento de la confianza en las vacunas entre determinados grupos.
Los investigadores concluyen que las estrategias para aumentar la vacunación contra el VPH deben adaptarse al contexto político, comunitario y sanitario de cada jurisdicción. Aunque el estudio no permite establecer qué estrategia es más efectiva ni representa a todas las jurisdicciones estadounidenses, sus hallazgos apuntan a una combinación de recomendación clínica, comunicación enfocada en prevención del cáncer, colaboración comunitaria y políticas públicas como componentes relevantes para reducir las brechas de vacunación y, a largo plazo, las desigualdades asociadas a los cánceres relacionados con el VPH.
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