El análisis del cortisol en el cabello revela el impacto del estrés crónico infantil

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El estudio, publicado en Stress and Health, analizó los niveles de cortisol capilar en 244 niños de entre 2 y 16 años con enfermedades como asma, diabetes tipo 1, fibrosis quística y artritis juvenil.

Los niños con enfermedades físicas crónicas (EFC) no solo enfrentan los desafíos de su diagnóstico médico, sino también un estrés psicológico sostenido que puede afectar su desarrollo emocional.

Un estudio reciente propone que la medición del cortisol en el cabello podría convertirse en un marcador biológico útil para evaluar la exposición prolongada al estrés y su vínculo con alteraciones psicopatológicas en esta población infantil.

Este enfoque abre nuevas posibilidades para comprender cómo los factores biológicos y psicológicos interactúan en el desarrollo de trastornos mentales durante etapas tempranas.

Una mirada prolongada al estrés

El estudio, publicado en Stress and Health, analizó los niveles de cortisol capilar en 244 niños de entre 2 y 16 años con enfermedades como asma, diabetes tipo 1, fibrosis quística y artritis juvenil.

A diferencia de las pruebas de saliva o sangre, que muestran el estrés en momentos puntuales, el cabello ofrece una “línea del tiempo” del estrés: cada centímetro refleja aproximadamente un mes de secreción de cortisol. Esto convierte al análisis capilar en una herramienta útil para estudiar el estrés crónico.

Los investigadores identificaron tres patrones de secreción de cortisol:
Hipersecreción constante (68 % de los niños)
Hiposecreción (9 %)
De hipersecreción a hiposecreción (23 %)

Curiosamente, los niños que mostraron una disminución progresiva del cortisol a lo largo del tiempo tuvieron menos síntomas de ansiedad, depresión y problemas de conducta que aquellos con niveles persistentemente altos.

Estos hallazgos sugieren que mantener niveles elevados de cortisol durante largos periodos podría contribuir al desarrollo de psicopatología, mientras que una adaptación gradual podría tener un efecto protector.

Hacia un marcador biológico del bienestar mental

El equipo de investigación, liderado por Mark Ferro (Universidad de Waterloo), destaca que este biomarcador podría servir para identificar de forma temprana a los niños con mayor riesgo de desarrollar trastornos emocionales.

Además, el estudio abre la puerta a intervenciones personalizadas que aborden tanto la salud física como la mental desde el inicio del diagnóstico de una enfermedad crónica.

“El cortisol capilar nos da una ventana única al impacto del estrés prolongado en los niños. Comprender sus trayectorias puede ayudarnos a prevenir consecuencias psicológicas a largo plazo”, explica Ferro.

El análisis del cortisol capilar no solo representa una herramienta de diagnóstico prometedora, sino también un recordatorio de la importancia de detectar el estrés temprano y promover estrategias de resiliencia en la infancia.

En el futuro, podría convertirse en un puente entre la investigación biomédica y la psicología clínica, impulsando un enfoque más completo de la salud infantil.

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