¿Por qué aumentan los conflictos familiares en Navidad y cómo evitarlos?

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Las expectativas sociales, el cansancio y los conflictos previos pueden intensificarse en estas fechas.

La mesa navideña suele simbolizar unión, alegría y reencuentro familiar. Sin embargo, para muchas personas, las celebraciones de fin de año también pueden convertirse en un terreno fértil para discusiones, tensiones y malestar emocional. Reunirse después de meses o incluso años sin verse, sumado a la carga simbólica de la Navidad, puede reactivar conflictos que parecían superados.

Según el doctor Rolando Salinas, jefe de Salud Mental del Hospital Alemán y profesor de Psicología de la Salud de la Universidad Católica Argentina, la Navidad tiene un fuerte valor cultural asociado a la armonía y el encuentro. “Esa idealización muchas veces choca con la realidad y genera frustración, especialmente cuando se intenta cumplir con expectativas difíciles de sostener”, explica.

La vulnerabilidad de las reuniones familiares

Elegir con qué parte de la familia pasar las fiestas, evitar herir susceptibilidades, compartir largas horas con personas que no siempre se llevan bien o lidiar con ausencias significativas son factores que aumentan la vulnerabilidad emocional. “Estas situaciones pueden vivirse como una verdadera batalla, en la que alguien termina herido”, advierte Salinas.

En la misma línea, la licenciada María Fernanda Rivas, psicóloga y psicoanalista, señala que las fiestas intensifican la sensibilidad emocional, sobre todo cuando existen conflictos previos no resueltos. “Las expectativas sociales, las diferencias de personalidad, los rencores y resentimientos pueden hacer que estos encuentros se vuelvan difíciles de manejar”, afirma.

La “tríada navideña” del estrés

El psicoterapeuta Sean Grover identifica tres grandes factores que suelen detonar conflictos durante las fiestas, conocidos como la “tríada navideña”:

  • Agotamiento: los viajes, traslados y preparativos generan cansancio físico y emocional.
  • Regresión: volver a la casa familiar puede reactivar recuerdos dolorosos o viejas dinámicas.
  • Exceso de indulgencia: el abuso de comida, alcohol u otras sustancias afecta el autocontrol.

A esto se suman factores como el consumo de alcohol, que puede facilitar discusiones, y la sobrecarga desigual en la organización de la celebración, especialmente cuando no hay acuerdos claros sobre gastos o responsabilidades.

Duelos, ausencias y cambios familiares

La Navidad también puede activar duelos por la pérdida de seres queridos, separaciones o migraciones. Rivas explica que estos momentos funcionan como “aniversarios emocionales”, donde la tristeza y la nostalgia emergen con fuerza. Además, situaciones como el “síndrome del nido vacío”, las familias ensambladas o los conflictos entre padres separados pueden intensificar el malestar, afectando especialmente a los niños si no se manejan con cuidado.

Siete claves para vivir unas fiestas en paz

A pesar de este escenario complejo, los especialistas coinciden en que es posible reducir los conflictos y fortalecer los vínculos si se aplican algunas estrategias:

  1. Aclarar las reglas de la reunión: definir previamente horarios, lugar, gastos y organización.
  2. Prepararse mentalmente con realismo: aceptar las limitaciones familiares y diferenciar el presente del pasado.
  3. Buscar el sentido de la celebración: priorizar el encuentro, la pertenencia y el compartir por sobre lo material.
  4. Gestionar las expectativas: disminuir la idealización y tolerar desacuerdos sin intentar resolverlos en ese momento.
  5. Respetar los espacios propios y ajenos: permitir momentos de intimidad y tolerar breves “exclusiones” sin activar celos.
  6. Proteger a los niños de los conflictos adultos: preservar la magia y la ilusión propias de la infancia.
  7. Evitar detonantes: esquivar temas conflictivos, moderar el consumo de alcohol y habilitar pausas para descansar.

“Lo importante no es la perfección de la celebración, sino la calidad del encuentro y la construcción de buenos recuerdos”, concluyen los especialistas. Reconocer las emociones, poner límites y priorizar el cuidado mutuo puede marcar la diferencia entre una Navidad cargada de tensión y una vivida con mayor calma y sentido.

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