Un joven deportista de 17 años sufrió un paro cardíaco repentino tras una colisión accidental en el campo de juego, un episodio poco frecuente pero potencialmente mortal que pone de relieve la importancia de la respuesta inmediata ante emergencias cardiacas en el deporte juvenil.
Detalles del caso
El incidente ocurrió cuando el adolescente, jardinero central de un equipo local de béisbol, intentaba atrapar una pelota y chocó accidentalmente con un compañero, quien le propinó un codazo en el pecho. De forma inmediata, el joven cayó al suelo sin reaccionar ni presentar movimientos espontáneos. Al no detectarse pulso, su entrenador inició maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP).
Cinco minutos después, los paramédicos confirmaron que el paciente se encontraba en fibrilación ventricular, un ritmo cardíaco letal. Se aplicó una descarga eléctrica de 200 julios, logrando revertir la arritmia a un ritmo sinusal normal. El joven recuperó la circulación espontánea y posteriormente la conciencia, aunque inicialmente presentó confusión y amnesia del evento.
A su llegada al servicio de urgencias, el paciente se encontraba despierto, alerta y hemodinámicamente estable. Solo refería dolor leve en la pared torácica anterior. No presentaba antecedentes médicos ni familiares relevantes, ni consumo de sustancias o medicamentos.
Los estudios iniciales, incluyendo electrocardiograma, radiografía de tórax y análisis de laboratorio, no mostraron alteraciones significativas. La tomografía computarizada evidenció únicamente edema pulmonar leve.
El paciente fue ingresado a la unidad de cuidados intensivos pediátricos para monitorización cardíaca continua. Un ecocardiograma descartó cardiopatías estructurales y confirmó una función cardíaca normal. Tras 48 horas de observación sin nuevas arritmias y con normalización de los biomarcadores cardíacos, fue dado de alta sin secuelas neurológicas ni cardiovasculares.
El diagnóstico final fue commotio cordis, una entidad rara que se define como un paro cardíaco súbito provocado por un golpe no penetrante en el tórax, sin lesión estructural del corazón ni enfermedad previa.
Esta condición afecta principalmente a niños y adolescentes y suele estar asociada a actividades deportivas. Se estima que ocurren menos de 30 casos al año, aunque se considera subdiagnosticada.
Especialistas señalan que la supervivencia depende de una intervención rápida. La RCP iniciada en los primeros tres minutos y el uso temprano de un desfibrilador externo automático (DEA) pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Por ello, organizaciones médicas recomiendan que todos los recintos deportivos cuenten con DEA accesibles y personal capacitado.
El caso señala la necesidad de reforzar las medidas de prevención en el deporte juvenil, como el uso de pelotas más blandas, protectores torácicos y programas de educación en primeros auxilios, para reducir el riesgo de eventos cardíacos súbitos en jóvenes atletas.









