Las redes sociales y los niños: una mirada desde la pediatría

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Las redes sociales han llegado para quedarse y formar parte de la vida diaria de niños y adolescentes. ¿Conoces las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría?

Se recomienda evitar el uso de medios digitales en menores de 2 años; entre los 2 y 5 años, limitarlo a una hora al día con programas de calidad y siempre bajo supervisión; y, a partir de los 6 años, establecer límites consistentes, siempre asegurando, además de supervisión, protección de las horas de sueño, la actividad física y las tareas escolares.

Los medios digitales ofrecen oportunidades para aprender, comunicarse y expresarse, pero también son muchos los retos importantes para el desarrollo emocional, social y físico de un niño. Desde la pediatría, observar este fenómeno con balance y evidencia resulta esencial.

Uno de los principales beneficios es la posibilidad de conexión. Muchos niños encuentran en las plataformas digitales espacios para mantener amistades, compartir intereses y acceder a información educativa. Para algunos, especialmente aquellos con dificultades sociales o condiciones de salud, estas herramientas pueden brindar apoyo y sentido de pertenencia.

Sin embargo, los riesgos son reales. Estudios han asociado el uso excesivo de redes sociales con problemas de salud física y mental. Niños y jóvenes que usan excesivamente y sin controles las redes sociales o medios digitales pueden desarrollar sobrepeso y obesidad debido a pobres hábitos alimenticios; en el aspecto mental podemos observar trastornos como ansiedad, depresión y baja autoestima.

La exposición constante a estándares irreales de belleza, éxito o popularidad puede afectar la percepción que los niños tienen de sí mismos. Además, el fenómeno del ciberacoso ha demostrado tener consecuencias emocionales e incluso más serias que el acoso presencial.

Otro aspecto relevante es el impacto en el sueño. El uso de dispositivos antes de dormir interfiere con los ciclos naturales de descanso, afectando la concentración, rendimiento escolar y bienestar general. Asimismo, el tiempo excesivo frente a pantallas puede desplazar actividades fundamentales para el desarrollo del niño, como la actividad física y la interacción familiar.

La supervisión de los padres y cuidadores sigue siendo clave. No se trata de prohibir las redes sociales, sino de educar en su uso responsable. Establecer límites de tiempo y conversar abiertamente sobre los contenidos son estrategias efectivas. Los padres también deben modelar hábitos saludables, ya que los niños aprenden más de lo que observan que de lo que se les dice.

También es importante enseñar sobre privacidad digital, respeto en línea y manejo de emociones ante experiencias negativas.

Las redes sociales no son intrínsecamente buenas ni malas; tienen sus beneficios y sus riesgos; su impacto depende de cómo se utilicen. El reto para familias, educadores y profesionales de la salud es guiar a los niños y familias hacia un uso consciente, seguro y equilibrado.

Así podremos aprovechar sus ventajas sin descuidar el bienestar. Exhortamos a los padres a dialogar con los niños y adolescentes, a establecer un plan de uso de los medios y estimular actividades que puedan sustituir por períodos de tiempo el uso de las redes.

Las redes sociales pueden acercarnos al mundo, pero nada reemplaza la supervisión y una buena comunicación con los niños.

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