La viruela símica ha dejado de considerarse exclusivamente una infección eruptiva generalizada para incluir formas localizadas con predominio anogenital. Un caso clínico reciente documentó a un hombre de 30 años que consultó por una semana de secreción anal mucopurulenta, tenesmo y lesiones perianales pruriginosas de dos días de evolución, sin fiebre ni síntomas sistémicos.
En la evaluación física se identificaron múltiples vesículas y pápulo-vesículas perianales con necrosis central y umbilicación, acompañadas de adenopatías inguinales palpables. La ausencia de compromiso cutáneo difuso y de síntomas constitucionales marcó una presentación atípica frente a los patrones clásicos descritos históricamente para esta infección.
El antecedente epidemiológico fue clave: el paciente había viajado recientemente a Gran Canaria y reportó un encuentro sexual sin protección días antes del inicio de los síntomas. Las pruebas para infecciones de transmisión sexual frecuentes, incluyendo gonorrea, clamidia, sífilis y herpes simple, fueron negativas, lo que orientó la sospecha diagnóstica hacia orthopoxvirus. La confirmación se obtuvo mediante amplificación genómica de una lesión vesicular intacta.
El manejo consistió en aislamiento por contacto y gotas, junto con tratamiento sintomático. La proctitis y las lesiones cutáneas resolvieron en aproximadamente una semana, sin progresión sistémica. Este desenlace favorable coincide con la naturaleza autolimitada observada en la mayoría de casos no complicados.
Desde el punto de vista clínico, este caso resalta cómo la viruela símica puede debutar como un síndrome proctológico agudo, sin exantema diseminado, lo que exige ampliar el diagnóstico diferencial de lesiones umbilicadas en región anogenital. Reconocer estas variantes localizadas permite evitar retrasos diagnósticos y optimizar medidas de contención epidemiológica.
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