“Anteriormente, muchos pacientes con enfermedad refractaria fallecían en pocos meses. Hoy contamos con terapias biológicas, anticuerpos biespecíficos y células CAR-T que han cambiado ese panorama”, afirmó el Dr. Fernando Cabanillas, director del Centro de Cáncer del Hospital Auxilio Mutuo.
Hace algunos años, cuando un linfoma agresivo reaparecía o dejaba de responder al tratamiento inicial, las alternativas terapéuticas eran muy limitadas. Hoy el panorama es diferente. El desarrollo de inmunoterapias, terapias dirigidas y terapia celular ha abierto nuevas oportunidades de control e, incluso, de curación para un grupo importante de pacientes.
Aunque la primera línea de tratamiento logra curar a muchos pacientes con linfoma difuso de células B grandes, entre un 40 % y un 50 % requerirá nuevas estrategias porque la enfermedad reaparece o nunca responde completamente al tratamiento inicial.
Cuando el tratamiento inicial no funciona
Los especialistas distinguen dos escenarios. El primero es la recaída, cuando el linfoma vuelve después de un período de remisión. El segundo es la enfermedad refractaria, en la que el cáncer no responde desde el inicio al tratamiento administrado.
«Cuando hablamos de un paciente refractario primario nos referimos a alguien cuya enfermedad no respondió a la primera línea de tratamiento. Hace décadas estos pacientes tenían un pronóstico muy limitado, pero hoy la historia ha cambiado gracias a nuevas estrategias terapéuticas», explicó el Dr. Fernando Cabanillas.
Nuevas terapias ofrecen otra oportunidad
Las alternativas actuales actúan de manera distinta a la quimioterapia convencional. Entre ellas se encuentran los anticuerpos biespecíficos, la terapia CAR-T, las terapias dirigidas y otras formas de inmunoterapia, que fortalecen la capacidad del sistema inmunológico para reconocer y eliminar las células tumorales.
«Con la terapia CAR-T buscamos entrenar el mismo sistema inmune del paciente para que pueda identificar y destruir las células del linfoma que antes lograban escapar de sus defensas», explicó el Dr. Cristian Rodríguez Arocho.
La evaluación temprana puede cambiar el pronóstico
Los especialistas enfatizan que el momento en que el paciente es valorado por un equipo con experiencia resulta determinante para acceder a estas opciones.
«Si un paciente presenta reca ída o falla a la primera línea de tratamiento, merece ser evaluado por un grupo de expertos para determinar cuál es la mejor alternativa disponible», afirmó el Dr. Rodríguez Arocho.
Hoy, una recaída del linfoma ya no significa quedarse sin alternativas. La identificación oportuna de los pacientes candidatos a estas terapias puede abrir una nueva oportunidad de tratamiento y mejorar significativamente su pronóstico.









