La ola de calor que afectó a Norteamérica durante el verano de 1936 es considerada uno de los eventos climáticos más mortales registrados en la región. Las temperaturas extremas provocaron la muerte de más de 11.000 personas en Estados Unidos y cerca de 1.000 en Canadá, además de miles de hospitalizaciones por golpes de calor, deshidratación y complicaciones cardiovasculares.
El fenómeno se extendió por gran parte del continente y mantuvo temperaturas superiores a 38 °C (100 °F) durante varios días consecutivos en numerosos estados. Algunas ciudades registraron máximas cercanas a 45 °C, mientras que en California se alcanzaron hasta 50 °C (122 °F), cifras excepcionales para la época.
Más allá de sus consecuencias sanitarias, la crisis modificó comportamientos cotidianos. Hasta entonces, hombres y mujeres utilizaban durante el verano múltiples capas de ropa, chaquetas, chalecos, sombreros y otras prendas consideradas socialmente apropiadas, incluso bajo temperaturas extremas.
La elevada mortalidad y las dificultades para soportar el calor llevaron a cuestionar estas normas de vestimenta. De manera progresiva, camisetas de manga corta y pantalones cortos comenzaron a ganar aceptación como alternativas más adecuadas para reducir el estrés térmico, marcando un cambio cultural que se consolidó durante las décadas siguientes.
Historiadores consideran que este episodio puso de manifiesto la relación entre las condiciones ambientales y la salud pública, evidenciando cómo factores aparentemente ajenos, como la vestimenta, pueden influir en el riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con el calor.
La ola de calor también expuso la limitada preparación de las ciudades frente a eventos climáticos extremos. En aquella época, el acceso al aire acondicionado era escaso y las estrategias de prevención del golpe de calor prácticamente inexistentes, lo que contribuyó al elevado número de fallecimientos.
Actualmente, este episodio continúa siendo un referente para comprender los efectos del calor extremo sobre la población. Diversos estudios advierten que el cambio climático está aumentando la frecuencia e intensidad de las olas de calor, lo que refuerza la importancia de implementar medidas de adaptación, protección de grupos vulnerables y recomendaciones sobre vestimenta e hidratación durante estos eventos.
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