El tratamiento de las enfermedades reumáticas va mucho más allá de los medicamentos. Mantener un peso saludable y realizar actividad física de forma regular pueden reducir la inflamación, mejorar la función física y favorecer una mejor respuesta terapéutica.
Así lo afirmó la Dra. Zaida Fuxench, reumatóloga, quien resaltó que el ejercicio debe adaptarse a las capacidades de cada paciente para convertirse en un aliado permanente del tratamiento.

La especialista explicó que las mejores alternativas suelen ser la acuaterapia y otras actividades de bajo impacto, ya que disminuyen la carga sobre las articulaciones mientras fortalecen la musculatura. «El músculo también necesita acondicionarse. Puedes trabajar la inflamación en la articulación, pero si no fortaleces la musculatura, el paciente no logrará caminar adecuadamente».
El objetivo es conservar la independencia
Más que mejorar síntomas, el ejercicio busca preservar la funcionalidad del paciente durante el mayor tiempo posible. «La meta es mantener la capacidad física mínima para que el paciente pueda valerse por sí mismo y evitar que llegue a depender de una silla de ruedas o de ayudas para caminar», indicó la especialista.
La Dra. Fuxench recomienda realizar alrededor de 30 minutos de actividad física, al menos tres veces por semana, escogiendo el ejercicio que resulte más cómodo y agradable para cada persona.
Caminar, realizar ejercicios acuáticos o practicar actividades recreativas adaptadas pueden generar beneficios importantes cuando se realizan de forma constante. «Lo importante es que el paciente haga el ejercicio que pueda mantener en el tiempo». La especialista recordó que el tratamiento farmacológico alcanza mejores resultados cuando se acompaña de hábitos saludables como el ejercicio y el control del peso corporal.










