Una mujer sana de 34 años consultó por un cuadro de un día de evolución caracterizado por urticaria difusa y dermatografismo, sin respuesta a loratadina ni difenhidramina. No refería exposiciones alérgicas recientes y negó disnea, sibilancias, vómitos o angioedema. Como único antecedente reciente destacó la aplicación de un refuerzo de la vacuna de Moderna contra COVID-19, 10 días antes.
El examen físico mostró edema periorbitario leve, dermatografismo y lesiones urticariales generalizadas en las extremidades y el tronco. Los signos vitales eran normales y no había evidencia de compromiso respiratorio o cardiovascular que sugiriera una reacción anafiláctica.
Inicialmente recibió difenhidramina 50 mg cada seis horas y prednisona 40 mg al día. Tres días después, durante la evaluación por Alergología, persistían los síntomas, por lo que se indicó un esquema prolongado de reducción de corticosteroides junto con cetirizina, famotidina y difenhidramina.
La evolución prolongada modificó el diagnóstico. Al día 23, la paciente continuaba con síntomas pese a dosis bajas de prednisona y antihistamínicos. Para el día 42, la persistencia de la urticaria permitió establecer el diagnóstico de urticaria crónica espontánea, caracterizada por la aparición de habones durante la mayoría de los días de la semana por seis semanas o más. Su alergóloga inició entonces tratamiento con omalizumab.
Las reacciones cutáneas posteriores a la vacunación contra COVID-19 pueden adoptar diferentes patrones y aparecer en distintos momentos. Se han descrito urticaria, erupciones morbiliformes, vasculitis, reacciones tardías en el sitio de inyección y urticaria crónica espontánea. Aunque la relación temporal puede orientar la evaluación clínica, este tipo de casos no establece por sí solo una relación causal entre la vacunación y la aparición de la enfermedad.
El caso destaca la importancia de diferenciar una reacción cutánea aguda de una urticaria que persiste más allá de las seis semanas. El dermatografismo, la persistencia de los habones y la respuesta insuficiente a antihistamínicos fueron elementos relevantes para reconocer la evolución hacia una enfermedad crónica y ajustar el tratamiento.
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