Pápulas perioculares imitan una vasculitis granulomatosa

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Las pápulas perioculares con inflamación granulomatosa necrosante requieren correlación clinicopatológica para distinguir dermatosis localizadas de enfermedades infecciosas o vasculíticas sistémicas.

El lupus miliar diseminado de la cara (LMDF) es una dermatosis granulomatosa poco frecuente que suele manifestarse con pequeñas pápulas rojizas, amarillentas o del color de la piel, especialmente en los párpados y la región periocular. Aunque su nombre puede generar confusión, se considera una entidad independiente y no una manifestación de tuberculosis cutánea. Su diagnóstico puede complicarse cuando la biopsia muestra necrosis e inflamación supurativa, características que también aparecen en algunas infecciones y enfermedades vasculíticas.

El caso corresponde a un hombre de 18 años, previamente sano, con seis meses de evolución de pápulas asintomáticas de 3 a 5 mm distribuidas simétricamente alrededor de ambos ojos. Algunas presentaban costras y las lesiones seguían predominantemente la distribución de los folículos pilosos. No tenía fiebre, pérdida de peso, síntomas respiratorios, dolor ocular ni alteraciones visuales.

La biopsia inicial del párpado mostró dermatitis supurativa con inflamación granulomatosa necrosante, lo que planteó la posibilidad de granulomatosis con poliangeítis (GPA) y otras enfermedades granulomatosas sistémicas. Sin embargo, las pruebas de ANCA, anti-MPO y anti-PR3 fueron negativas. Los análisis de orina, los cultivos, las serologías infecciosas y los estudios de imagen torácicos y orbitarios tampoco identificaron evidencia de enfermedad sistémica o infección.

La revisión dermatopatológica reveló granulomas alrededor de los folículos pilosos, formados por histiocitos epitelioides y células gigantes multinucleadas que rodeaban focos de necrosis y necrobiosis, acompañados de neutrófilos. Las tinciones especiales para microorganismos fueron negativas y no se identificó vasculitis verdadera. La correlación entre la distribución de las lesiones, la histología y la ausencia de compromiso sistémico permitió establecer el diagnóstico de LMDF.

El paciente recibió minociclina oral de liberación prolongada, 105 mg una vez al día, durante un mes. En el control se observó una mejoría marcada, con aplanamiento de las pápulas y resolución casi completa de las lesiones inflamatorias con costras. Persistían un eritema leve y cambios residuales en la pigmentación, sin efectos adversos reportados durante el seguimiento.

Los autores destacan que la necrosis granulomatosa no debe interpretarse de forma aislada como evidencia de vasculitis o infección. La granulomatosis con poliangeítis, la sarcoidosis, las infecciones micóticas profundas y las micobacterianas se encuentran entre los diagnósticos diferenciales que deben evaluarse según el contexto clínico. Asimismo, aunque la mejoría con minociclina respalda su consideración como una opción terapéutica, un solo caso y un seguimiento de un mes no permiten establecer su eficacia a largo plazo. La principal enseñanza es integrar los hallazgos clínicos y patológicos con una evaluación sistémica cuidadosa para evitar diagnósticos erróneos.

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