“Cerca de 14 semanas pueden transcurrir entre la sospecha de cáncer y el comienzo del tratamiento en Puerto Rico”, según estudios mencionados por María Cristy, vicepresidenta de Asuntos del Paciente y de Política Pública de la Sociedad Americana Contra el Cáncer de Puerto Rico. La escasez de subespecialistas, las dificultades de cobertura médica y las barreras económicas complican el acceso a los servicios oncológicos.
Esta demora refleja uno de los principales desafíos del sistema de salud: lograr que los pacientes no solo reciban atención, sino que puedan acceder a ella de manera oportuna.
El tiempo de espera puede influir en el pronóstico
El impacto de estas demoras depende del tipo de cáncer y de su comportamiento biológico. La vicepresidenta utilizó el melanoma como ejemplo de una enfermedad que “puede progresar rápidamente y en seis semanas puede extenderse, metastatizarse o invadir otros órganos”.
Aunque no todos los tumores avanzan al mismo ritmo, la espera también representa una carga emocional para quienes reciben un diagnóstico. “Ningún paciente quiere estar cuatro meses sabiendo que tiene un diagnóstico de cáncer y no puede comenzar su tratamiento. Eso tiene un efecto psicológico, un efecto emocional devastador”, expresó la experta.

La escasez de subespecialistas retrasa las evaluaciones
Entre las barreras identificadas se encuentra la disponibilidad limitada de algunos especialistas. Aunque María Cristy indicó que “los oncólogos cubren prácticamente toda la isla”, señaló que existe escasez de subespecialistas, como ginecólogos oncólogos y urólogos, lo que puede prolongar el tiempo para conseguir una cita.
El problema también alcanza a la dermatología. En pacientes con lesiones sospechosas de malignidad, la espera para conseguir una evaluación puede extenderse durante meses. Esta situación dificulta que quienes necesitan una valoración especializada avancen oportunamente hacia un diagnóstico y, de ser necesario, el tratamiento.
Los cambios en Vital generan preocupación
El acceso económico constituye otra dificultad. Los tratamientos oncológicos pueden representar costos elevados y, según explicó la portavoz, “el programa Vital ha experimentado cambios en sus requisitos de elegibilidad a raíz de nuevos requerimientos federales”.
La representante señaló que “desde marzo comenzamos a observar modificaciones relacionadas con el proceso conocido como step-down”, mediante el cual se consideran los ingresos y los gastos médicos del paciente para determinar su elegibilidad. Aunque reconoció que se han incorporado recursos y personal para atender estos casos, advirtió que “los cambios podrían complicar el acceso a la cubierta para algunas personas con cáncer o que estén próximas a recibir un diagnóstico”.
La preocupación también está relacionada con la continuidad de los fondos federales que respaldan el programa. La experta mencionó el llamado Medicaid Cliff y el vencimiento del Block Grant que financia parte del programa Vital como factores que mantienen la incertidumbre sobre la cobertura médica en Puerto Rico.
Las brechas de cobertura también afectan la detección temprana
Otro grupo que genera preocupación es el de las personas que no cuentan con un plan médico. Alrededor de 1.3 millones de personas están cubiertas por Vital y el 40 % de los pacientes con cáncer en Puerto Rico pertenece a ese programa.
Sin embargo, la experta señaló que “existe una población de adultos jóvenes que trabaja, no recibe cubierta médica de sus empleadores y tampoco califica para Medicaid”. Esta situación puede limitar el acceso a consultas y pruebas de detección temprana, particularmente en un contexto en el que se observa un aumento de ciertos diagnósticos de cáncer en edades más jóvenes.
Reducir los tiempos de espera y facilitar el acceso a especialistas y cubiertas médicas continúa siendo fundamental para mejorar la atención oncológica en Puerto Rico. Como expuso la entrevistada, el desafío no consiste únicamente en que los pacientes reciban servicios, sino en que puedan obtenerlos a tiempo.








