Prótesis traqueales abordan fístulas tras cirugía de cáncer esofágico

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La colocación de prótesis metálicas permitió cerrar una de las lesiones, mientras que la otra requirió dispositivos personalizados y fijación externa por migraciones recurrentes.

Las fístulas traqueoesofágicas posoperatorias son una complicación poco frecuente, pero potencialmente grave, de la esofagectomía. Un reporte de dos casos describe cómo la colocación de prótesis metálicas autoexpandibles cubiertas, mediante traqueoscopia, permitió abordar estas lesiones con resultados distintos según su tamaño, ubicación y respuesta al dispositivo.

El primer caso correspondió a un hombre de 67 años, quien desarrolló una fístula 21 días después de la esofagectomía. La lesión medía 0,6 cm y se encontraba a 4 cm por debajo de las cuerdas vocales. El equipo colocó una prótesis metálica recta de 20 × 40 mm, que permaneció estable. Un esofagograma realizado a los dos meses no mostró persistencia de la fístula. Sin embargo, a los cuatro meses se identificó hiperplasia del tejido de granulación en ambos extremos del dispositivo, por lo que se retiró para evitar alteraciones de la vía aérea. El seguimiento confirmó la reepitelización completa, sin recurrencia.

El segundo paciente, de 78 años, presentó una fístula 32 días después de la cirugía. En este caso, el defecto era mayor, de 12 × 8 mm, y estaba ubicado a solo 3 cm por debajo de las cuerdas vocales. Una primera prótesis recta de 20 × 60 mm migró repetidamente durante las primeras 24 horas y provocó molestias por su proximidad a la glotis. El equipo la sustituyó por un dispositivo personalizado de extremos ensanchados, de 22 × 50 mm, que mejoró la tolerancia y redujo los desplazamientos iniciales.

Debido al tamaño y los bordes irregulares de la lesión, persistieron espacios entre la prótesis y la pared traqueal. Para sellarlos se utilizaron biogel y esponjas de gelatina. A pesar de estas medidas, el dispositivo volvió a desplazarse a los diez meses, por lo que se recurrió a una fijación percutánea externa. La fístula no había cicatrizado por completo al momento del reporte y la prótesis permanecía colocada para mantener la permeabilidad y seguridad de la vía aérea.

Los autores señalan que las fístulas ubicadas cerca de la región subglótica pueden representar un desafío técnico, debido al movimiento de la laringe durante la deglución y la tos, que favorece la migración de los dispositivos. Además, factores como la edad y la diabetes podrían dificultar la cicatrización. Aunque ambos casos muestran alternativas para adaptar el manejo endoscópico, sus resultados también evidencian que la estabilidad de la prótesis y el cierre de la fístula no están garantizados y dependen de las características anatómicas de cada lesión.

Fuente original aquí

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