Adelantar la cena y ayunar más tiempo en la noche muestra beneficios metabólicos

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Más allá de la calidad de la dieta, el momento en que se ingieren los alimentos puede influir directamente en la regulación metabólica y cardiovascular.

La relación entre los horarios de alimentación y la salud ha cobrado cada vez más relevancia en los últimos años. Más allá de la calidad de la dieta, el momento en que se ingieren los alimentos puede influir directamente en la regulación metabólica y cardiovascular.

Un estudio reciente publicado en Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology evaluó el impacto de prolongar el ayuno nocturno en sincronía con el sueño sobre diferentes parámetros de salud cardiometabólica en adultos con sobrepeso u obesidad.

En este ensayo clínico aleatorizado, 39 participantes fueron asignados a dos grupos: uno que mantuvo su patrón habitual de ayuno (entre 11 y 13 horas), y otro que extendió el ayuno nocturno a entre 13 y 16 horas, asegurando que la última comida se realizara al menos 3 horas antes de dormir. La intervención tuvo una duración de 7,5 semanas.

Los resultados mostraron que quienes adoptaron este enfoque presentaron una mejoría significativa en el descenso nocturno de la presión arterial diastólica, un indicador importante de salud cardiovascular.

Sincronizar la alimentación con el ritmo biológico

Además del efecto sobre la presión arterial, el ayuno nocturno prolongado se asoció con mejoras en la función autonómica y el metabolismo de la glucosa.

Entre los hallazgos más relevantes se encontraron una menor frecuencia cardíaca durante la noche, mayor variabilidad de la frecuencia cardíaca —indicador de mejor equilibrio del sistema nervioso autónomo— y niveles más bajos de cortisol nocturno, una hormona relacionada con el estrés.

También se observaron beneficios en la respuesta metabólica: durante pruebas de tolerancia a la glucosa, los participantes del grupo de intervención mostraron niveles más bajos de glucosa y una mejor respuesta temprana de la insulina, lo que sugiere una regulación más eficiente.

Los investigadores plantean que estos efectos se deben a una mejor coordinación entre los ritmos circadianos, el sueño y los procesos metabólicos, elementos clave en la salud cardiometabólica.

A diferencia de otros enfoques de alimentación con restricción de tiempo, que suelen ser difíciles de mantener, esta estrategia propone un ajuste más sencillo: adelantar la última comida del día para alinearla con el descanso nocturno.

En conjunto, los resultados sugieren que extender el ayuno nocturno en armonía con el sueño podría ser una intervención accesible y sostenible, con potencial para mejorar la salud cardiovascular y metabólica.

Aunque se requieren más estudios para confirmar estos hallazgos en poblaciones más amplias, este enfoque refuerza una idea clave: los hábitos cotidianos, como el horario de las comidas, pueden tener un impacto significativo en la salud a largo plazo.

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