Detectar la violencia también es parte de la atención en emergencias

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Dra. Joakyna De Santiago, especialista en medicina de emergencia. Foto tomada por PHL.

No toda violencia deja marcas visibles. En las salas de emergencia, una persona puede estar atravesando una situación de violencia doméstica, coerción o agresión sexual sin presentar golpes o lesiones evidentes. Reconocer esas señales puede ser determinante para abrir una puerta de ayuda y conectar a la víctima con los recursos médicos, psicosociales y legales que necesita.

La Dra. Joakyna De Santiago, especialista en medicina de emergencia, destacó que el personal sanitario debe mantener una mirada amplia ante pacientes cuyas historias, comportamientos o circunstancias generan dudas.

La violencia que no siempre deja marcas

«No toda la violencia se ejerce con violencia física», señaló la especialista, al explicar que la coerción y la violencia psicológica también pueden formar parte de una dinámica de abuso.

La ausencia de lesiones no significa que no haya ocurrido una agresión. El miedo, las amenazas, el control y la dependencia emocional pueden dificultar que una persona reconozca su situación o se atreva a hablar sobre ella. «Hay que ser cuidadoso de que en la ausencia de lesiones no pasó nada», enfatizó la experta . Muchas agresiones sexuales pueden ocurrir en contextos de violencia psicológica y coerción, sin señales físicas evidentes.

Por ello, pacientes que llegan de manera recurrente a emergencias por dolores de cabeza, dolor abdominal o lesiones cuya explicación no coincide con los hallazgos clínicos pueden requerir una evaluación más profunda.

Las señales que deben levantar una bandera roja

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Uno de los indicadores que más debe llamar la atención es la presencia de un acompañante que limita la comunicación del paciente. «Personas que vienen acompañadas y que notamos que no los dejan hablar», explicó la especialista. Esta conducta puede ser especialmente relevante cuando la historia ofrecida no coincide con las lesiones o síntomas observados.

Entre las señales que pueden justificar una evaluación más detallada se encuentran:

  • Historias de lesiones que no coinciden con los hallazgos.
  • Visitas recurrentes a la sala de emergencia.
  • Acompañantes que responden constantemente por el paciente.
  • Personas que no pueden hablar libremente en presencia de quien las acompaña.
  • Lesiones inexplicables o heridas de defensa.
  • Lesiones genitales sin una explicación clara.
  • Infecciones de transmisión sexual que requieren investigar un posible abuso.
  • Niños o adolescentes con lesiones en áreas genitales o signos de posible agresión.

Un espacio privado puede abrir la puerta a la ayuda

Detectar estos casos puede ser difícil cuando el paciente no revela directamente la situación. La dinámica de las salas de emergencia, marcada por la rapidez y la alta demanda, puede dejar poco espacio para conversaciones que requieren tiempo, privacidad y confianza. «Necesitamos más tiempo para sentarnos a hablar con nuestro paciente», afirmó la especialista.

La recomendación es ofrecer un espacio privado, escuchar sin presionar y permitir que la persona revele la información cuando se sienta preparada. «Siempre dejar esa puerta abierta de que si quiere dialogar algo más, ver si algo más le preocupa, nos lo deje saber y que estamos allí para ayudar», expresó la emergencióloga.

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La sala de emergencia puede ser el primer punto de contacto con el sistema de apoyo para una persona que todavía no está preparada para denunciar o incluso para reconocer que vive una situación de violencia.

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