“La práctica del yoga me regaló calma durante todo este proceso”. Así resumió Nicole Rodríguez, sobreviviente de mieloma múltiple e instructora de yoga oncológico, el papel que desempeñó esta disciplina durante su tratamiento, en una entrevista para el podcast De Célula a Célula.
Tras permanecer cerca de un año encamada por las complicaciones de la enfermedad, encontró en el movimiento y la respiración una herramienta para afrontar el proceso de recuperación. Aquella experiencia la llevó posteriormente a certificarse en yoga oncológico para acompañar a otros pacientes con cáncer.
Cuando el movimiento parecía imposible
Durante el tratamiento, el dolor y el compromiso óseo limitaron casi por completo su movilidad. Sin embargo, lejos de abandonar el movimiento, decidió empezar desde lo más básico. “Comencé a moverme desde la cama”, recordó Nicole.

“Respiraba, levantaba un brazo, articulaba los tobillos y comencé de esta manera”, relató la sobreviviente, quien explicó que esos pequeños movimientos le devolvían una sensación que el cáncer parecía haberle arrebatado: “Eso me ayudaba a sentir que estaba en control de lo que estaba pasando”.
El Dr. Alexis Cruz destacó que muchos pacientes oncológicos, especialmente quienes viven con mieloma múltiple, enfrentan dolor, lesiones óseas o largos periodos de inmovilidad, por lo que cualquier estrategia de movimiento debe adaptarse a sus capacidades físicas.
Un yoga diseñado para pacientes con cáncer
Tras completar su trasplante, Nicole buscó una manera de seguir practicando yoga sin poner en riesgo su recuperación
Descubrió entonces que existe una certificación específica en yoga oncológico, orientada a adaptar cada sesión según el diagnóstico y las limitaciones de cada paciente. “No le doy la misma práctica a un paciente con mieloma que a uno con cáncer de mama”, explicó.

La instructora señaló que estas sesiones utilizan posturas suaves, apoyos y movimientos cuidadosamente modificados. “Esta práctica no es para pararte de cabeza. Esta práctica es para ayudarte a transitar este proceso de la mejor manera”, afirmó.
Para Nicole, el movimiento no significa realizar ejercicios intensos, sino ayudar al cuerpo a recuperar poco a poco su funcionalidad. “Lo más desastroso para mí fue no poder moverme”, confesó. Hoy anima a sus pacientes a comenzar con acciones sencillas. “Con cinco movimientos de muñeca o de tobillo una persona puede sentir la diferencia”, aseguró.
De paciente a guía de otros sobrevivientes
Su experiencia personal fue precisamente lo que la impulsó a certificarse para trabajar con personas que atraviesan un diagnóstico oncológico. “No voy a ofrecer nada que yo no haya vivido primero”, afirmó Nicole.
Actualmente acompaña a pacientes con distintos tipos de cáncer, convencida de que cada pequeño movimiento representa un paso hacia la recuperación física y emocional. Como mensaje final, dejó una reflexión para quienes enfrentan el tratamiento: “No den nada por sentado. Muévanse como puedan. Incluso mover los pies ya es comenzar”.









