La relación entre obesidad y cáncer ha sido ampliamente estudiada, pero la evidencia reciente sigue profundizando en los mecanismos biológicos que explican esta asociación. Una revisión publicada en JAMA destaca cómo el exceso de tejido adiposo no solo es un factor de riesgo, sino un entorno activo que puede favorecer el desarrollo tumoral.
Se estima que el sobrepeso y la obesidad están relacionados con aproximadamente el 10 % de los nuevos diagnósticos de cáncer, y hasta con el 50 % de ciertos tipos, como el cáncer de endometrio y algunos tumores hepatobiliares.
El tejido adiposo en exceso no es inerte, cuando se acumula, altera su función y libera ácidos grasos libres que pueden ser utilizados por las células tumorales como fuente de energía, favoreciendo su crecimiento.
Además, este tejido presenta un estado de inflamación crónica, caracterizado por el aumento de mediadores como interleucinas, factor de necrosis tumoral y prostaglandinas. Estas sustancias no solo promueven directamente el crecimiento tumoral, sino que también pueden estimular la producción de estrógenos, impulsando la proliferación de cánceres hormonodependientes, como los de mama, ovario y endometrio.
Alteraciones hormonales e impacto en el sistema inmune
La obesidad también modifica el equilibrio hormonal, con aumento de leptina y estrógenos y disminución de adiponectina, lo que contribuye a un entorno favorable para el cáncer.
Al mismo tiempo, se observa una alteración en la respuesta inmunitaria. La acumulación de ciertas células inmunosupresoras y la disminución de la actividad de células clave, como las células T citotóxicas y las células asesinas naturales, reducen la capacidad del organismo para eliminar células tumorales en etapas tempranas.
Otro factor relevante es el impacto de la obesidad sobre el microbioma intestinal. La reducción de bacterias beneficiosas y el aumento de otras asociadas a procesos inflamatorios pueden potenciar el estrés oxidativo y el daño al ADN, facilitando la inestabilidad genómica y el desarrollo del cáncer.
La pérdida de peso como estrategia de riesgo modificable
Los estudios observacionales muestran que una reducción de peso superior al 10 % del peso corporal puede asociarse con una disminución en la incidencia de cáncer relacionado con la obesidad, aunque el efecto absoluto es modesto.
Estos hallazgos refuerzan la idea de que la obesidad no solo incrementa el riesgo de enfermedades metabólicas, sino que también actúa como un factor clave en la carcinogénesis. Comprender estos mecanismos permite avanzar hacia estrategias de prevención más integrales, centradas en el manejo del peso y la salud metabólica.









