La Navidad es una de las épocas del año con mayor número de reuniones familiares y encuentros sociales. Aunque estos espacios están pensados para compartir y celebrar, también representan un escenario de mayor exposición a enfermedades, especialmente para los más pequeños del hogar, quienes son más vulnerables a infecciones respiratorias y otros problemas de salud.
Ante este panorama, especialistas insisten en la importancia de no bajar la guardia y adoptar medidas de cuidado específicas para proteger la salud infantil durante las fiestas.
Una de las principales recomendaciones es evitar que los niños estén expuestos a cambios bruscos de temperatura, así como reforzar su sistema inmunológico mediante una alimentación balanceada. Además, promover hábitos de higiene como el lavado frecuente de manos y evitar el contacto cercano con personas que presenten síntomas de enfermedad son acciones clave para reducir riesgos.
Estas medidas cobran especial relevancia en reuniones numerosas, donde la circulación de virus respiratorios suele aumentar.
Síntomas leves vs. señales de alarma
Durante las festividades, el acceso a los servicios de salud puede verse limitado, por lo que identificar a tiempo los signos que requieren atención médica resulta fundamental. Sin embargo, esto no siempre es sencillo.
“Con frecuencia, los padres subestiman o sobreestiman los síntomas. Algunos esperan demasiado para consultar y otros acuden con ansiedad ante señales leves”, explica el médico José Manchego, director ejecutivo de la Sociedad Pediátrica de Los Andes (SPLA).
El especialista advierte que existen síntomas que no deben pasarse por alto, especialmente en bebés y niños pequeños.
Cuándo acudir de inmediato a urgencias
Entre los principales signos de alerta se encuentran:
- Fiebre alta o hipotermia (temperatura menor a 36 °C)
- Dificultad para respirar
- Somnolencia excesiva o irritabilidad persistente
- Rechazo al alimento o succión débil en bebés lactantes
- Disminución en la cantidad de orina
- Cambios en la coloración de la piel, como palidez o tono azulado
Ante cualquiera de estas manifestaciones, la recomendación es acudir de inmediato a un servicio de urgencias.
Más allá de la prevención diaria, las visitas periódicas al pediatra siguen siendo esenciales incluso en temporada de vacaciones. Estas consultas permiten evaluar el desarrollo físico del niño, verificar el cumplimiento del esquema de vacunación y detectar de forma temprana posibles alteraciones en el crecimiento.
“Estas visitas permiten detectar alteraciones en el crecimiento, asegurar el cumplimiento del esquema de vacunación y prevenir complicaciones”, señala Manchego. Además, ayudan a evitar consultas innecesarias en urgencias y favorecen una atención médica más oportuna.
Sueño y rutinas
Aunque las vacaciones suelen alterar los horarios habituales, los expertos recomiendan mantener rutinas de sueño saludables. El descanso adecuado es fundamental para el desarrollo y el fortalecimiento del sistema inmunológico.
Las horas de sueño recomendadas son:
- Bebés de 0 a 1 año: entre 14 y 17 horas
- Niños de 1 a 3 años: entre 11 y 14 horas
- Niños de 4 a 7 años: entre 10 y 12 horas
Respetar estos tiempos contribuye a que los niños enfrenten mejor los cambios propios de la temporada.
En medio de celebraciones, viajes y encuentros familiares, los especialistas coinciden en un mensaje claro: la salud infantil no debe quedar en segundo plano. La prevención, la observación atenta y el acompañamiento médico oportuno permiten disfrutar de la Navidad con mayor tranquilidad y asegurar que el bienestar de los niños siga siendo una prioridad, incluso en época de fiestas.
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