La esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica, durante años fue considerada leve o poco preocupante, hoy figura como la principal causa de enfermedad hepática crónica y una de las indicaciones más frecuentes de trasplante de hígado.
Así lo explicó la Dra. Bárbara Rosado, gastroenteróloga y hepatóloga, quien advirtió que el aumento de enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2, la obesidad y la hipertensión ha impulsado el crecimiento de esta patología en la región. “En Puerto Rico y en pacientes hispanos se ha convertido en la causa número uno de enfermedad crónica del hígado y en una de las indicaciones más importantes de trasplante hepático en nuestra comunidad”, señaló la especialista.
Una manifestación del síndrome metabólico
La esteatosis hepática está estrechamente relacionada con el síndrome metabólico, un conjunto de condiciones que incluye obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y alteraciones en los lípidos.
Según la Dra. Rosado, la alta prevalencia de estos factores en la población hispana explica en gran parte el aumento de casos. “En nuestra comunidad tenemos muchos pacientes diabéticos tipo 2, pacientes con obesidad, hipertensos y con hiperlipidemia. Todo esto forma parte del síndrome metabólico, y la esteatosis hepática es una manifestación de ese síndrome”.
Además de afectar el hígado, la enfermedad se asocia con mayor riesgo de mortalidad cardiovascular y con un aumento en la incidencia de algunos cánceres no hepáticos.
Durante años, el hígado graso fue minimizado tanto por pacientes como por profesionales de la salud. “Uno escuchaba con frecuencia: ‘Yo tengo hígado graso, todo el mundo tiene hígado graso’, pero no se le daba la importancia al impacto que tiene en la salud general del paciente”, explicó la hepatóloga.
Factores genéticos en la población hispana
La Dra. Rosado también destacó la presencia de factores genéticos que podrían explicar por qué la enfermedad puede ser más severa en algunas poblaciones.
Uno de los genes identificados es el PNPLA3, que se ha observado con mayor frecuencia en personas de origen hispano. “Este gen no solamente es más común en los hispanos, sino que también está asociado con enfermedad más severa”, explicó.
En su práctica clínica, la especialista ha identificado casos en los que varios miembros de una misma familia presentan la enfermedad. “Tengo familias completas con esta condición: mamá, papá, tíos, abuelos y primos. Cuando existe historial familiar de cirrosis asociada a disfunción metabólica, el riesgo de fibrosis en otros familiares también aumenta”.
La fibrosis: el punto que cambia el pronóstico
Uno de los aspectos más importantes en la evolución del hígado graso es el desarrollo de fibrosis hepática, un proceso en el que el tejido del hígado se endurece progresivamente. Esta condición puede evolucionar hacia cirrosis, insuficiencia hepática o incluso cáncer de hígado.
Actualmente existen herramientas para detectar esta complicación de manera temprana. Entre ellas destaca la elastografía hepática, una prueba no invasiva que mide la rigidez del hígado y permite evaluar la presencia de fibrosis. “Esta prueba es indolora y nos permite identificar pacientes con fibrosis moderada o avanzada, que son los que tienen mayor riesgo de progresar a cirrosis”, explicó la especialista.
Riesgo cardiovascular incluso sin fibrosis
La Dra. Rosado subrayó que incluso los pacientes con hígado graso sin fibrosis deben recibir seguimiento médico, ya que la enfermedad se asocia con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares. “La esteatosis hepática es un factor de riesgo independiente de mortalidad cardiovascular. Estos pacientes tienen mayor riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones”.
Por esta razón, las guías actuales recomiendan que los pacientes con diabetes, obesidad o múltiples factores cardiometabólicos sean evaluados para detectar esta condición de forma temprana.









