Autoras:
Dra. Claudia Mangual, Pediatra Departamento de Pediatría
Dra. Joanie Figueroa, Escuela de Medicina RCM
Durante décadas, la pirámide alimenticia ha servido como una referencia visual para orientar a las familias sobre cómo alimentar a sus hijos de forma balanceada. Sin embargo, así como los seres humanos evolucionamos, los hábitos alimenticios, la evidencia científica y las necesidades de salud pública también lo hacen. El gobierno federal ha realizado ajustes a la pirámide alimentaria con el objetivo de ofrecer guías más claras y promover una alimentación más saludable y consciente, que proteja la salud infantil desde las primeras etapas de la vida.
La pirámide alimenticia que conocimos por años colocaba a los carbohidratos, como los granos refinados, en la base, promoviendo su alto consumo. No obstante, nuevas evidencias científicas han demostrado que este enfoque no siempre favorece la salud de los niños. Como resultado, el modelo actual se ha transformado en una guía enfocada en la calidad de los alimentos más que en la cantidad.
Las nuevas recomendaciones se centran en promover una dieta rica en frutas, vegetales, granos integrales, proteínas magras y grasas saludables, mientras se limita el consumo de azúcares añadidos, sodio y alimentos ultraprocesados. Este cambio influye directamente en el crecimiento, la energía diaria y el desarrollo del sistema inmunológico de nuestros niños.
Esta actualización, impulsada por el gobierno federal, busca combatir problemas de salud que con el tiempo son cada vez más comunes, como la obesidad infantil y la diabetes tipo 2. Sin embargo, también ha generado ciertas preocupaciones. Para muchos padres, estas nuevas guías pueden parecer un reto al principio, especialmente cuando el tiempo o el presupuesto son limitados. Aun así, pequeños cambios sostenidos pueden marcar una diferencia significativa en la salud de los niños.
Según la Academia Americana de Pediatría (AAP), una alimentación adecuada durante la infancia es esencial no solo para el crecimiento físico, sino también para el desarrollo cognitivo, el rendimiento académico y la prevención de enfermedades a largo plazo. Los hábitos alimenticios se forman desde edades tempranas y representan una ventana clave para establecer una relación saludable con la comida.
Ante este panorama innovador, la nueva pirámide alimenticia ofrece una oportunidad para reforzar hábitos positivos en el hogar. Se recomienda priorizar una alimentación variada, rica en frutas y vegetales de distintos colores. Asimismo, es importante recordar que cada niño es diferente, por lo que consultar con el pediatra permite adaptar estas recomendaciones a las necesidades individuales de cada familia.
En conclusión, estos ajustes reflejan un esfuerzo por mejorar la salud pública desde edades tempranas. La educación alimentaria comienza en el hogar y se fortalece con el ejemplo diario. Cada comida en familia es una oportunidad para nutrir no solo el cuerpo, sino también el futuro de nuestros hijos, criando con conciencia.









