Un hombre de 60 años, de piel oscura, consultó en una clínica rural de los Andes peruanos 48 horas después de sobrevivir al impacto de un rayo durante una tormenta. Aunque permanecía ambulatorio y no presentó pérdida de conciencia, alteraciones cardíacas, cambios en el estado mental ni debilidad, el examen cutáneo mostró un patrón característico de lesión superficial por descarga eléctrica.
Las lesiones eran lineales y curvilíneas, eritematovioláceas, y se extendían desde la región retroauricular y supraclavicular derecha, atravesaban el tórax anterior y llegaban hasta el abdomen inferior izquierdo. También presentaba erosiones superficiales focales cerca de la región inguinal. No se observaron las clásicas figuras de Lichtenberg, consideradas un hallazgo característico de las lesiones producidas por rayos.
El patrón correspondía a una lesión keraunográfica, producida cuando la descarga eléctrica de alto voltaje se desplaza sobre la superficie corporal mediante un fenómeno de flashover. A diferencia de las quemaduras eléctricas profundas causadas por el paso de corriente a través de los tejidos, este mecanismo produce alteraciones superficiales que pueden desaparecer sin dejar cicatrices.
La ausencia de figuras de Lichtenberg no descartó la exposición. Estas estructuras arborescentes son transitorias y pueden desaparecer en las primeras 48 horas, por lo que una evaluación tardía puede no captarlas. Además, en personas con fototipos cutáneos más oscuros, el menor contraste cromático entre el eritema, las tonalidades violáceas y la piel circundante puede dificultar su reconocimiento clínico.
El caso también evidenció compromiso otológico. La presencia de sangre seca alrededor del conducto auditivo externo derecho sugirió una lesión asociada al rayo. Las pruebas de Weber y Rinne fueron compatibles clínicamente con hipoacusia neurosensorial derecha; aunque no fue posible realizar audiometría, el paciente posteriormente refirió sordera persistente de ese lado. Este tipo de afectación puede relacionarse con trauma acústico, barotrauma o efectos eléctricos directos.
El paciente recibió analgésicos orales y sulfadiazina de plata tópica. En un seguimiento realizado más de tres años después, las lesiones habían desaparecido sin cicatrices, aunque persistía discromía posinflamatoria siguiendo la distribución original de las lesiones en el tórax anterior y el muslo lateral izquierdo.
El caso destaca que el diagnóstico de una lesión por rayo no debe depender exclusivamente de la presencia de figuras de Lichtenberg. La distribución keraunográfica, el antecedente de exposición durante una tormenta, la evolución sin cicatrización y los hallazgos otológicos pueden aportar suficientes elementos para reconocer una lesión superficial por flashover, especialmente cuando la evaluación ocurre de forma tardía o en pacientes con piel de mayor pigmentación.
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