Un hombre de 26 años con antecedentes de dermatitis atópica severa y VIH presentó una erupción de cuatro días de evolución que comenzó en labios y genitales y posteriormente se extendió a cara, tronco y extremidades. El paciente estaba en tratamiento antirretroviral, con carga viral indetectable y un recuento de CD4 de 876 células/µL, pero su dermatitis había permanecido mal controlada pese a tratamientos previos.
En el examen físico se observaron innumerables papulovesículas grisáceas agrupadas, con umbilicación central, que comprometían aproximadamente el 80 % de la superficie corporal. También presentaba edema facial y formación de costras, sin adenopatías palpables. Diez días antes había tenido relaciones sexuales sin protección con una pareja masculina.
Dos muestras de líquido de las lesiones, obtenidas en los días 0 y 2 de hospitalización, fueron positivas para virus mpox mediante pruebas de amplificación génica, mientras que dos pruebas de PCR para herpes simple fueron negativas. La biopsia cutánea mostró ulceración epidérmica, necrosis extensa y cambios citopáticos virales focales, incluidas células multinucleadas en los queratinocitos.
La evaluación también identificó complicaciones asociadas. Oftalmología detectó una abrasión corneal de 1 × 2 mm, sin vitritis ni edema del disco óptico. Además, el cultivo bacteriano inicial mostró Staphylococcus aureus sensible a meticilina y Streptococcus betahemolítico del grupo A, confirmando una infección bacteriana secundaria sobre la piel comprometida.
El manejo requirió aislamiento, desbridamiento cuidadoso, apósitos no adhesivos y protectores cutáneos. Durante la hospitalización recibió diferentes terapias utilizadas de forma no aprobada para mpox, entre ellas cidofovir tópico, tecovirimat oral, inmunoglobulina contra varicela y brincidofovir intravenoso. La infección bacteriana secundaria fue tratada con linezolid y ertapenem. No se reinició upadacitinib ni otro tratamiento biológico para la dermatitis atópica.
La evolución se complicó con taquicardia persistente, dolor y necesidad de curaciones frecuentes, lo que llevó a su traslado a la unidad de cuidados intensivos. Tras 29 días de hospitalización, fue dado de alta sin complicaciones persistentes.
Los autores plantean que la alteración crónica de la barrera cutánea, el antecedente de inmunosupresión por un inhibidor de JAK y el VIH pudieron favorecer la extensión inusual de la infección. El caso amplía la presentación descrita de mpox, que habitualmente produce un número mucho menor de lesiones, y resalta el riesgo de infección secundaria extensa sobre una piel con dermatitis atópica severa.
La experiencia también subraya la importancia de considerar mpox ante lesiones vesiculopustulosas o umbilicadas atípicas en pacientes con dermatitis atópica, además de realizar una historia sexual completa y buscar coinfecciones. Los autores destacan el valor de la atención multidisciplinaria para controlar la diseminación viral, las infecciones secundarias, el dolor y la cicatrización en pacientes con riesgo de enfermedad grave.
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