Nuevas Guías Dietarias ¿qué cambió y cómo interpretarlas desde la nutrición clínica?

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Lcda. Lilyana Figueroa – Nutricionista y Dietista.

Las Guías Dietarias 2025–2030 ya están y marcan uno de los ajustes más relevantes en política nutricional de los últimos años. No solo orientarán decisiones de salud pública, educación y programas alimentarios, sino también la forma en que profesionales de la nutrición acompañamos a nuestros pacientes durante los próximos cinco años.

Más allá de los titulares, ¿qué dicen realmente estas guías?, ¿qué cambia?, ¿y qué puntos requieren una mirada crítica? La Lcda. Lilyana Figueroa, nutricionista dietista, lo explica con claridad.

Menos ultraprocesados, más alimentos reales

Uno de los mensajes más contundentes de las nuevas guías es la reducción del consumo de alimentos altamente procesados y azúcares añadidos, priorizando frutas, vegetales, granos enteros y productos mínimamente procesados.

Este enfoque no es nuevo, pero ahora cobra más fuerza desde la política pública. “La evidencia es clara al vincular los ultraprocesados con enfermedades crónicas, pero es clave definir bien qué es un ultraprocesado para no generar confusión con alimentos procesados que sí aportan valor nutricional”.

Además de su impacto en la salud, este cambio facilita la educación alimentaria en consulta, permitiendo mensajes más prácticos y centrados en alimentos reales.

Uno de los ajustes que más llama la atención es el aumento en la recomendación de proteína, que ahora se sitúa entre 1.2 y 1.6 gramos por kilogramo de peso corporal, superando las recomendaciones previas.

Este cambio apunta a mejorar la saciedad, reducir el consumo de carbohidratos refinados y proteger la masa muscular. “El aumento de proteína puede ser especialmente útil en adultos mayores, personas físicamente activas y en estrategias para preservar masa muscular”.

Eso sí, no se trata solo de cantidad. La calidad y la fuente de la proteína, ya sea vegetal o animal, siguen siendo claves para personalizar cada recomendación.

¿Guías más simples, pero menos precisas?

Aunque las nuevas guías buscan ser más accesibles para la población general, este esfuerzo de simplificación puede tener un costo.

Algunos mensajes, especialmente los relacionados con grasas saturadas versus. insaturadas, pueden perder rigor científico cuando la evidencia aún está en evolución. “Cuando se recomiendan cambios grandes basados en evidencia que sigue desarrollándose, es necesario mantener una postura crítica”.

En conjunto, las Guías Dietarias 2025–2030 representan un paso importante hacia una nutrición más centrada en alimentos reales y menos en productos ultraprocesados. Sin embargo, no todas las recomendaciones aplican de la misma manera para todas las personas.

Aspectos como:

  • El aumento generalizado de proteína
  • La retirada de límites claros sobre el consumo de alcohol
  • Y la ambigüedad en algunas recomendaciones sobre grasas

Estas requieren contexto, evaluación individual y criterio clínico. “Como nutricionistas, nuestra labor no es solo seguir las guías, sino interpretarlas y adaptarlas a cada paciente según su condición de salud, perfil metabólico, contexto sociocultural y objetivos personalizados”.

Más que una receta universal, estas guías son una herramienta. El verdadero impacto dependerá de cómo se apliquen en la práctica clínica, en la educación nutricional y en las políticas públicas.

La clave seguirá siendo la misma: nutrición basada en evidencia, pero adaptada a la persona.

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