¿Prevenir o reaccionar? Del enfoque, dependen los resultados  

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Autora: Yesenia Delgado Castillo, Psicóloga Social Comunitaria  

A nivel social, muchas intervenciones se han centrado en reaccionar ante las problemáticas una vez que ya han ocurrido. En otros casos, el énfasis está en el control o el castigo. Esto abre el tema  para una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿este enfoque realmente está funcionando? 

Si observamos detenidamente algunos de los principales retos que hemos enfrentado como  sociedad –entiéndase, pobreza, violencia, exclusión, problemas de acceso a servicios de salud,  vivienda y muchos otros– podemos decir que son retos que se han mantenido. Nuevamente, cabe  preguntarse, ¿por qué seguimos invirtiendo en estrategias que no cambian estas realidades? ¿Por  qué seguimos “apagando fuegos”? ¿Estamos trabajando sobre las causas o solo estamos  poniendo parches y conteniendo los síntomas? Y, más aún, ¿Qué hemos aprendido como sociedad  al utilizar estos enfoques? ¿Cuáles otras formas de intervención hemos dejado fuera?  

La prevención es una de esas otras maneras en que podemos intervenir. Ahora bien, ¿llamamos prevención a actividades donde solo educamos u orientamos? ¿Cuáles de las iniciativas que llamamos preventivas realmente modifican las condiciones y causas que generan las  problemáticas? ¿Podemos hablar de prevención sin cambiar las condiciones de vida de las personas? Y, más concretamente, ¿cuánto de nuestros recursos se destina a prevenir en comparación con atender crisis?  

Trabajar desde la prevención no solo es necesario, es indispensable. Sin embargo, resulta  paradójico que, aunque es ampliamente reconocida como una estrategia efectiva, no es una de las principales o la primera en la que pensamos. ¿Por qué será? ¿Tal vez porque los resultados no son  tan inmediatos o visibles? Puede haber muchas razones; la respuesta la dejo abierta a la reflexión.  

En términos generales, la prevención busca evitar que un problema aparezca, detectarlo de  manera temprana o reducir su impacto cuando ya está presente. No se trata solo de reaccionar, sino de actuar de forma anticipada.  

La prevención comprende tres niveles, según la población a la cual va dirigida y el riesgo:  

Prevención universal: intervenciones dirigidas a la población en general. El objetivo es actuar antes de que la problemática surja, reducir factores de riesgo y fortalecer  condiciones de vida saludables. 

Prevención selectiva: dirigida a personas o subgrupos cuyo riesgo es significativamente más alto que el promedio. Se trata de identificar de forma temprana las situaciones de riesgo o señales de alerta para intervenir antes de que la problemática se agrave. 

Prevención indicada: dirigida a personas o subgrupos en alto riesgo. La problemática ya está presente o es altamente probable. Se trata de reducir consecuencias, evitar el deterioro y prevenir recaídas. 

Tomando esto en consideración, vale la pena preguntarnos: ¿en cuál de estos niveles estamos  enfocando mayoritariamente nuestros esfuerzos? 

Con frecuencia, la prevención se asocia con campañas informativas o mensajes de orientación. Sin embargo, la prevención va mucho más allá. Informar es importante, pero por sí solo rara vez es suficiente para generar cambios que se sostengan. Prevenir implica reconocer que el bienestar no depende solamente de decisiones individuales, sino también de los contextos en los que las personas se desarrollan: familia, escuela, trabajo, comunidad.  

Por eso, las estrategias preventivas que se implementen deben actuar de manera simultánea en múltiples escenarios. No de forma aislada.  

Un ejemplo es un proyecto comunitario del que participé, cuyo objetivo era prevenir el consumo de alcohol en menores de edad. La estrategia no se limitó a ofrecer charlas a los niños y jóvenes. Al contrario, también incluyó trabajar con las familias, las escuelas, los comerciantes y la comunidad. ¿Por qué? Porque se reconoció que hay muchas variables que influyen, por ejemplo: normas familiares, relaciones con pares, mensajes sociales, disponibilidad de alcohol y prácticas comunitarias.  

Asimismo, la participación de las personas es esencial en la identificación de problemáticas y en la construcción de soluciones. En este proyecto, los niños y jóvenes tenían una participación activa. ¿Por qué esto es importante? Porque esa participación aumentó la pertinencia de las intervenciones, su efectividad y su sostenibilidad en el tiempo. 

La prevención funciona. Solo debemos hacerla prioridad. 

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