Médicos especialistas han reportado un caso clínico excepcional que desafía las estadísticas de mortalidad quirúrgica.
Un hombre de 67 años, con antecedentes de hipertensión y un accidente cerebrovascular previo, ingresó a urgencias en estado crítico tras sufrir la rotura espontánea de un aneurisma de la arteria esplénica (AAE), una condición que suele ser mortal en la mayoría de los casos.
El colapso y el hallazgo inesperado
El paciente llegó al hospital con un cuadro de dolor abdominal intenso, hipotensión severa y colapso circulatorio. Las imágenes de diagnóstico inicial confirmaron lo peor: el aneurisma, una dilatación anormal en la arteria que suministra sangre al bazo, se había roto, provocando una hemorragia masiva en la cavidad abdominal.
Al realizar evaluaciones más profundas, descubrieron que el propio cuerpo había generado un trombo (coágulo) espontáneo que selló la luz del aneurisma justo después de la rotura. Este fenómeno, extremadamente inusual, actuó como un «tapón» biológico que detuvo temporalmente el sangrado y dio a los cirujanos un margen de tiempo vital.
Debido al alto riesgo de que el trombo se desprendiera y provocara un resangrado fatal, el equipo multidisciplinario optó por una estrategia agresiva pero planificada. Se realizó una esplenopancreatectomía electiva (extracción del bazo y parte del páncreas) junto con la resección total del aneurisma.
Los aneurismas de la arteria esplénica son los más comunes entre los aneurismas viscerales, pero su detección suele ser accidental. Los médicos concluyen que “un enfoque multidisciplinario personalizado es crucial, y la intervención quirúrgica oportuna sigue siendo recomendable para prevenir la rotura tardía u otros resultados adversos”.









