El tratamiento del stroke ha experimentado una transformación radical durante las últimas tres décadas. Lo que antes se limitaba a prevenir complicaciones y ofrecer rehabilitación después del daño cerebral, hoy incluye terapias capaces de restaurar el flujo sanguíneo, reducir las secuelas e incluso permitir una recuperación casi completa en muchos pacientes.
“Antes de 1995 no existían terapias específicas dirigidas a este diagnóstico. El tratamiento se enfocaba principalmente en prevenir complicaciones y rehabilitar el déficit residual”, explicó el neurólogo Dr. Luis Rivera, director médico de la Unidad de Stroke del Hospital Auxilio Mutuo en Bayamón.
El especialista destacó que el primer gran cambio ocurrió tras la aprobación de la alteplasa, un medicamento trombolítico diseñado para disolver los coágulos que bloquean las arterias cerebrales durante un accidente cerebrovascular isquémico.
De tres horas a una ventana terapéutica más amplia
Inicialmente, la administración de alteplasa estaba limitada a una ventana de tres horas desde el inicio de los síntomas. Sin embargo, la acumulación de evidencia científica permitió ampliar posteriormente ese periodo a 4.5 horas, aumentando el número de pacientes que podían beneficiarse del tratamiento.
“Mientras más pasa el tiempo, más se completa el daño irreversible al tejido cerebral y el tratamiento se convierte más en un riesgo que en un beneficio”, señaló el especialista.

El objetivo de estas terapias es restablecer rápidamente la circulación sanguínea para minimizar el daño cerebral y preservar la mayor cantidad posible de tejido funcional.
La llegada de la trombectomía cambió el panorama
Uno de los avances más importantes ocurrió en 2015 con la consolidación de la trombectomía mecánica, un procedimiento mínimamente invasivo que permite extraer físicamente el coágulo que obstruye una arteria cerebral.
Durante el procedimiento, especialistas neuroendovasculares introducen un catéter a través de la arteria femoral hasta llegar a la circulación cerebral para retirar el trombo responsable del stroke.

“Prácticamente cambió el paradigma de manejo de los derrames cerebrales porque demostró una efectividad contundente en pacientes con oclusiones de arterias grandes”, explicó el Dr. Rivera.
Inicialmente la trombectomía podía realizarse hasta seis horas después del inicio de los síntomas. Sin embargo, el desarrollo de nuevas tecnologías y el perfeccionamiento de las técnicas han permitido ampliar significativamente ese margen.
Las imágenes permiten intervenir hasta 24 horas después
Actualmente, algunos pacientes cuidadosamente seleccionados pueden beneficiarse de una trombectomía hasta 24 horas después del inicio de los síntomas. La clave está en las herramientas diagnósticas avanzadas, como la tomografía computarizada, la resonancia magnética y los estudios vasculares especializados, que permiten identificar si todavía existe tejido cerebral viable que pueda recuperarse.
“Si el paciente llega bien temprano, a veces las imágenes todavía están normales porque el daño aún no se refleja. Esos son los pacientes con mayor potencial de recuperarse completamente”, indicó el Dr. Rivera.

Según el neurólogo, estas terapias de reperfusión han cambiado significativamente el pronóstico de la enfermedad. “Logramos que hasta un 55 % de los pacientes termine sin ningún déficit neurológico o con un déficit mínimo, algo que no ocurría antes”, afirmó.
Aunque los avances han sido extraordinarios, el Dr. Rivera enfatizó que el principal desafío sigue siendo que los pacientes lleguen a tiempo a recibir atención médica especializada. “Nosotros estamos preparados para actuar con rapidez, pero si el paciente no llega a tiempo no podemos ofrecerle los tratamientos que han revolucionado el manejo del stroke”, concluyó.









