Una mujer de 70 años con enfermedad celíaca y antecedente de cáncer de mama izquierdo tratado con cirugía, quimioterapia, radioterapia y reconstrucción con implante desarrolló dos úlceras que no cicatrizaban, una en la mama izquierda y otra en la región lumbar, después de la extirpación de lesiones consideradas benignas.
La lesión mamaria era parcialmente necrótica y presentaba secreción, mientras que la de la espalda mostraba drenaje e inflamación persistentes. Inicialmente, la mala cicatrización se atribuyó a restos del quiste y una posible reacción a cuerpo extraño. La resección de ambas lesiones mostró ulceración dérmica profunda, fibrosis reactiva y necrosis grasa, sin malignidad.
La lesión de la espalda llegó a cicatrizar inicialmente, pero la mamaria persistió y fue tratada durante meses con oxigenoterapia hiperbárica, desbridamientos seriados y productos avanzados para heridas. Pese a ello, aumentó de aproximadamente 1 × 3 cm a 4,5 × 3,5 cm. Posteriormente, la lesión lumbar reapareció y también comenzó a crecer.
El diagnóstico se complicó por el hallazgo simultáneo de una masa pulmonar con adenopatías mediastínicas. La biopsia mostró inflamación granulomatosa necrosante con formas de levaduras, por lo que se consideró blastomicosis diseminada y recibió itraconazol durante más de seis meses, sin mejoría de las heridas.
Nuevas biopsias de mama y espalda mostraron abscesos dérmicos, células gigantes multinucleadas y trayectos sinusales, sin evidencia de malignidad. Aunque algunos cultivos aislaron Pseudomonas y flora cutánea mixta, los antibióticos dirigidos tampoco produjeron una respuesta sostenida. Los marcadores inflamatorios estaban elevados y el ANA fue positivo, pero el resto del estudio autoinmune fue no concluyente.
Después de casi 50 semanas de tratamiento sin resolución, el crecimiento progresivo de ambas lesiones, su localización en sitios quirúrgicos distintos, la falta de respuesta antimicrobiana y el empeoramiento tras los procedimientos llevaron a considerar pioderma gangrenoso posquirúrgico. Para entonces, la úlcera mamaria alcanzaba 10 × 10,5 cm y la de la espalda 2 × 2,5 cm.
Se inició tratamiento con betametasona tópica y triamcinolona intralesional, mientras se mantenía el cuidado especializado de las heridas. La respuesta fue rápida y marcada, con resolución completa de ambas lesiones para la semana 64 de seguimiento, respaldando el origen inflamatorio del cuadro.
El caso destaca el fenómeno de patergia, en el que el trauma quirúrgico o el desbridamiento puede desencadenar o exacerbar el pioderma gangrenoso. En esta paciente, la herida mamaria aumentó más de cinco veces tras intervenciones repetidas, mientras una segunda lesión reaparecía y progresaba en un sitio quirúrgico distante.
El pioderma gangrenoso posquirúrgico puede simular infección, dehiscencia o necrosis. Por ello, el empeoramiento de heridas pese a antimicrobianos y desbridamientos, especialmente cuando aparecen lesiones en sitios anatómicamente distintos, debe llevar a reconsiderar el diagnóstico y valorar tempranamente una enfermedad inflamatoria.
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