La relación entre el VIH y la salud hepática continúa adquiriendo relevancia clínica. Un nuevo análisis publicado en Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes encontró que, aunque la infección por VIH no estuvo asociada con una mayor frecuencia de enfermedad hepática esteatótica (SLD), sí se vinculó con un mayor riesgo de fibrosis hepática clínicamente significativa en las mujeres que ya presentaban esta enfermedad.
El estudio analizó datos de 1.580 mujeres, de las cuales 1.117 vivían con VIH y 463 no tenían la infección. Las participantes formaban parte del Women’s Interagency HIV Study y fueron evaluadas mediante elastografía transitoria controlada por vibración, una herramienta no invasiva que permite estimar la presencia de grasa y rigidez hepática. Los investigadores identificaron enfermedad hepática esteatótica en el 47 % de las participantes, una proporción que no mostró diferencias según el estado de VIH.
Además, la mayoría de los casos, 82 %, correspondió a enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD. Esta condición está relacionada con factores como obesidad, diabetes y otras alteraciones metabólicas. El hallazgo es relevante porque la acumulación de grasa en el hígado puede evolucionar hacia inflamación, fibrosis y, en algunos pacientes, enfermedad hepática avanzada.
El punto clave apareció al analizar la fibrosis
Aunque la prevalencia de enfermedad hepática esteatótica fue similar entre mujeres con y sin VIH, el panorama cambió cuando los investigadores evaluaron la fibrosis hepática clínicamente significativa. Entre las mujeres que tenían SLD, aquellas que vivían con VIH presentaron 48 % mayores probabilidades ajustadas de fibrosis clínicamente significativa en comparación con las mujeres sin VIH.
El análisis mostró una razón de probabilidades ajustada de 1,48 (IC 95 %: 1,01-2,16; p=0,04). Además, se identificó una interacción estadísticamente significativa entre el VIH y la presencia de enfermedad hepática esteatótica. “HIV infection is associated with higher odds of clinically significant fibrosis only among those with SLD.”
Los autores señalan que estos resultados sugieren que el VIH podría potenciar la progresión de la fibrosis cuando coexiste con enfermedad hepática esteatótica, aunque se necesitan investigaciones adicionales para comprender los mecanismos involucrados.
¿Qué significa para el seguimiento de las mujeres con VIH?
Los resultados ponen el foco en la importancia de no limitar el seguimiento de las personas con VIH al control de la infección. La salud metabólica y hepática también puede convertirse en un componente importante del cuidado a largo plazo.
Una revisión publicada recientemente en The Lancet HIV señala que la MASLD representa una causa importante de enfermedad hepática y cardiometabólica entre las personas que viven con VIH. El análisis estima que entre 20 % y 41 % de las personas con VIH presentan MASLD, mientras que la fibrosis hepática significativa puede afectar entre 12 % y 20 %.
Entre los factores que pueden contribuir al riesgo se encuentran el envejecimiento, la obesidad, la diabetes tipo 2, determinados antecedentes de tratamiento antirretroviral y mecanismos relacionados con la activación inmunitaria y la distribución del tejido adiposo. Los autores del estudio plantean que todavía es necesario determinar cómo el VIH puede favorecer la fibrosis en presencia de enfermedad hepática esteatótica.
Mientras tanto, la evidencia reciente respalda una mirada más integral de las personas que viven con VIH, incorporando la evaluación de factores metabólicos y hepáticos y, cuando corresponde, herramientas no invasivas para identificar fibrosis.
El mensaje del estudio no es que el VIH provoque por sí mismo hígado graso en las mujeres. El hallazgo más específico es otro: cuando existe enfermedad hepática esteatótica, la presencia de VIH se relacionó con mayores probabilidades de fibrosis clínicamente significativa.









