La visión humana comienza a moldearse mucho antes del nacimiento. Un nuevo estudio de la Universidad Johns Hopkins identificó que la interacción entre un derivado de la vitamina A y las hormonas tiroideas en la retina fetal es clave para el desarrollo de la visión nítida.
Los hallazgos, publicados en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, podrían transformar décadas de comprensión sobre la formación de las células sensibles a la luz y abrir nuevas vías de investigación para tratar enfermedades oculares asociadas a la edad.
El equipo científico utilizó tejido retiniano cultivado en laboratorio para estudiar el desarrollo ocular mediante organoides, pequeños modelos tridimensionales generados a partir de células fetales.
A través del seguimiento de estas retinas durante varios meses, los investigadores lograron identificar los mecanismos celulares que dan forma a la fovéola, la región central de la retina responsable de la visión más nítida.
Aunque representa solo una pequeña fracción del tejido retiniano, la fovéola aporta aproximadamente el 50 % de la percepción visual humana, lo que la convierte en una de las estructuras más críticas del sistema visual.
Conos, colores y visión diurna
El estudio se centró en los fotorreceptores responsables de la visión diurna: los conos.
Estas células se especializan en tres tipos:
- Conos azules
- Conos verdes
- Conos rojos
Mientras los conos azules se distribuyen ampliamente por la retina, la fovéola contiene principalmente conos rojos y verdes, fundamentales para la visión de alta resolución y percepción detallada del color.
Los humanos son una de las pocas especies con esta combinación tricromática avanzada, lo que permite percibir un espectro de colores más amplio que el de muchos animales utilizados en investigación, como ratones o peces.
El papel del ácido retinoico y las hormonas tiroideas
Los investigadores identificaron dos procesos coordinados que determinan la distribución final de los conos en la fovéola durante el desarrollo fetal:
1. Regulación por vitamina A
Un derivado de la vitamina A, el ácido retinoico, se descompone de forma controlada para limitar la formación de conos azules en la región central de la retina.
2. Conversión celular inducida por hormonas tiroideas
Posteriormente, las hormonas tiroideas estimulan la transformación de los conos azules restantes en conos rojos y verdes.
Este proceso ocurre principalmente entre las semanas 10 y 14 del desarrollo fetal.
“Primero, el ácido retinoico ayuda a establecer el patrón. Luego, la hormona tiroidea interviene en la conversión de las células sobrantes. Esto es muy importante porque si tienes esos conos azules, no ves tan bien”, explicó Robert J. Johnston Jr., autor principal del estudio.
Durante décadas, la teoría predominante sostenía que los conos azules migraban hacia otras zonas de la retina durante el desarrollo.
Sin embargo, los nuevos datos sugieren un modelo distinto: las células no se desplazan, sino que se transforman con el tiempo para lograr una distribución óptima.
Este hallazgo redefine la comprensión sobre la especificación y plasticidad celular en la retina humana.
Implicaciones para enfermedades oculares
Comprender cómo se forma la fovéola podría ser clave para abordar patologías que afectan esta región, entre ellas:
- Degeneración macular asociada a la edad
- Glaucoma
- Otros trastornos degenerativos de la visión
Según los investigadores, los avances en organoides permitirán replicar mejor la función de la retina humana y desarrollar nuevas estrategias terapéuticas.
El equipo trabaja ahora en perfeccionar modelos que permitan generar fotorreceptores funcionales para trasplante.
La meta a largo plazo es desarrollar terapias de reemplazo celular capaces de restaurar la visión perdida.
“Una gran oportunidad es introducir células sanas que puedan reintegrarse al ojo y potencialmente restaurar la visión”, señaló Katarzyna Hussey, coautora del estudio e investigadora en terapia celular.
Aunque estos avances aún se encuentran en fases experimentales, los científicos destacan que representan un camino viable, siempre sujeto a estudios rigurosos de seguridad y eficacia antes de su aplicación clínica.
El descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre el desarrollo visual humano, sino que también posiciona a la biología de organoides como una herramienta clave para la medicina regenerativa.
A medida que la ciencia logre replicar con mayor precisión la complejidad de la retina, podrían surgir tratamientos innovadores para enfermedades que hoy no tienen cura.
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