Sensores, microajustes y monitoreo remoto: así evoluciona el manejo de la diabetes pediátrica

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Dra. Marina Ruiz, endocrinóloga pediátrica. Foto original PHL.

A pesar de los importantes avances tecnológicos en el manejo de la diabetes pediátrica, el control estricto de la condición continúa siendo un pilar fundamental para prevenir secuelas a largo plazo, según destacó la Dra. Marina Ruiz, endocrinóloga pediátrica.

“Un buen manejo previene problemas del corazón, de los riñones, de las arterias y de los nervios”, afirmó la especialista, al referirse al impacto que puede tener la enfermedad mal controlada en la vida adulta.

En este sentido, subrayó la importancia de mantener la hemoglobina glicosilada en rangos adecuados, ya que este indicador permite evaluar el control glucémico sostenido en el tiempo. Asimismo, resaltó el valor de los sensores de glucosa como herramientas que facilitan un monitoreo más preciso y continuo, contribuyendo a reducir el riesgo de complicaciones crónicas.

Autoinmunidad: un riesgo que requiere vigilancia

La diabetes tipo 1, al ser una enfermedad de origen autoinmune, puede coexistir con otras condiciones del mismo tipo, lo que obliga a mantener una vigilancia clínica integral. “Si tienes una condición autoinmune, estás a riesgo de otras. Las más comunes son problemas de tiroides y glándulas adrenales”, explicó Ruiz.

No obstante, la endocrinóloga fue enfática en aclarar que la presencia de una enfermedad autoinmune no implica necesariamente que el paciente desarrollará otra, aunque sí amerita seguimiento médico periódico para una detección oportuna.

Bombas de insulina y sensores: la revolución del manejo pediátrico

Uno de los cambios más significativos en los últimos años ha sido la incorporación de dispositivos tecnológicos avanzados para el tratamiento de la diabetes infantil. “Hoy en día tenemos bombas de insulina y sensores que revolucionaron el manejo de la diabetes”, aseguró la especialista.

Estos sistemas han transformado no solo el control metabólico, sino también la calidad de vida de los pacientes y sus familias. Para los padres, representan una herramienta de tranquilidad sin precedentes:

“Los papás pueden estar pendientes del azúcar todo el tiempo, aunque el niño no esté con ellos”. Ruiz explicó que las bombas actuales funcionan de manera integrada con los sensores de glucosa, permitiendo ajustes automáticos en la administración de insulina.

“Se comunican con los sensores, hacen microajustes y hasta pueden manejarse desde el celular”, detalló, al describir el nivel de sofisticación alcanzado por estas tecnologías.

Acceso equitativo: un desafío que persiste

A pesar de los beneficios clínicos y tecnológicos, el acceso a estos tratamientos sigue siendo desigual, principalmente por factores económicos. “Son medicamentos y dispositivos de costo muy alto. Es una lucha constante con las aseguradoras”, señaló la endocrinóloga.

No obstante, reconoció que se han logrado avances importantes gracias a los procesos de educación dirigidos tanto a las familias como a los sistemas de salud, lo que ha permitido disminuir barreras administrativas y mejorar la comprensión sobre la necesidad de estas terapias.

Educación y seguimiento: pilares del futuro

Para la especialista, el futuro del manejo de la diabetes pediátrica no depende únicamente de la innovación tecnológica, sino también del fortalecimiento de la educación en salud y del acompañamiento continuo a los pacientes.

El control adecuado desde la infancia, el monitoreo constante y el acceso oportuno a terapias avanzadas siguen siendo determinantes para evitar complicaciones y garantizar una mejor calidad de vida en la adultez.

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