Predecir quién desarrollará una úlcera del pie diabético (DFU) sigue siendo uno de los mayores desafíos en la preservación de extremidades. Los marcadores vasculares y metabólicos tradicionales brindan una visión incompleta, y aunque las técnicas de imagen o los perfiles moleculares avanzados ofrecen información valiosa, su uso rutinario es poco práctico.
Ahora, un grupo de investigadores en China plantea una alternativa mucho más sencilla: ¿podrían ciertos ratios inflamación-lípidos derivados de un análisis de sangre estándar indicar el riesgo de desarrollar una DFU? Los resultados son prometedores.
Un nuevo enfoque sobre el “colesterol bueno”
El estudio, de tipo transversal, analizó a 1211 adultos con diabetes incluidos en la base de datos estadounidense National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES, 1999-2004). Los investigadores evaluaron cuatro indicadores inflamatorios relacionados con las lipoproteínas de alta densidad (HDL):
- la relación neutrófilos/HDL (NHR),
- la relación monocitos/HDL (MHR),
- la relación linfocitos/HDL (LHR) y
- la relación plaquetas/HDL (PHR).
Tras ajustar por múltiples variables, se observó que valores más altos de NHR, MHR y PHR estaban asociados de forma independiente y positiva con la presencia de úlceras del pie diabético (p < 0.05), mientras que LHR no mostró relación significativa.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la identificación de un punto de inflexión de 0.29 para MHR; por encima de este valor, cada aumento unitario se relacionó con una prevalencia 4.5 veces mayor de DFU.
El papel de los glóbulos rojos en la ecuación
Un modelo de mediación reveló que los niveles de glóbulos rojos (RBC) podrían explicar parcialmente esta relación: alrededor del 18% del vínculo entre NHR y DFU estuvo mediado por la concentración de eritrocitos.
Esto resulta biológicamente coherente, dado que la disminución en la deformabilidad de los eritrocitos y su capacidad reducida para transportar oxígeno son factores conocidos que contribuyen a una mala oxigenación tisular y a la cicatrización deficiente de las heridas. “El colesterol HDL puede ser el ‘colesterol bueno’, pero su interacción con el sistema inmunitario podría revelar aún más”, destacó el autor principal del estudio, David G. Armstrong, DPM, MD, PhD.
Aunque el estudio es observacional, sus resultados apuntan a que los ratios inflamatorios vinculados al HDL, fáciles de calcular y de bajo costo, podrían convertirse en biomarcadores accesibles para identificar a los pacientes con mayor riesgo de DFU.
Integrar estos índices en los paneles metabólicos rutinarios podría, en el futuro, permitir una vigilancia basada en riesgo, e incluso orientar estrategias preventivas dirigidas a modular la inflamación o mejorar la microcirculación.
El siguiente paso será realizar estudios longitudinales que confirmen la causalidad, definan valores de corte más precisos y determinen si modificar estos indicadores por ejemplo, mediante la optimización lipídica o el control inflamatorio se traduce en mejores resultados clínicos.
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