Un amplio estudio de cohorte realizado en Suecia y que siguió a casi un millón de jóvenes durante más de tres décadas ha revelado una asociación contundente: los adolescentes con un índice de masa corporal (IMC) elevado y una baja aptitud cardiorrespiratoria presentan un mayor riesgo de sufrir infecciones bacterianas graves en la edad adulta, incluyendo neumonía bacteriana, sepsis y endocarditis infecciosa.
El análisis, basado en los registros de reclutamiento militar de hombres suecos con una edad promedio de 18,3 años, evaluó el IMC y la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) al inicio del seguimiento y los relacionó con la aparición posterior de estas infecciones potencialmente mortales.
Los resultados muestran que un IMC más alto en la adolescencia se asocia de manera dosis-dependiente con un incremento del riesgo de infección, especialmente en el caso de la sepsis, donde los jóvenes con obesidad mostraron un riesgo más del triple en comparación con aquellos con un IMC entre 18,5 y 19,9. Llamativamente, el aumento del riesgo comenzaba incluso en niveles considerados “altos-normales” (22,5-24,9).
De igual forma, los adolescentes con menor capacidad cardiorrespiratoria presentaron un riesgo significativamente mayor de infecciones graves y de morir por ellas. Por el contrario, un CRF alto se vinculó con una reducción del riesgo tanto de enfermar como de fallecer por estas infecciones.
Los investigadores señalan que estos hallazgos amplían la comprensión tradicional del impacto de la obesidad y la baja condición física, históricamente asociadas con enfermedades cardiovasculares y cáncer. El estudio sugiere que estos mismos factores influyen también en la vulnerabilidad frente a infecciones bacterianas severas a lo largo de la vida.
Aunque las asociaciones observadas no permiten establecer causalidad directa, los autores apuntan a mecanismos biológicos plausibles: la obesidad se asocia con alteraciones inmunitarias, inflamación crónica de bajo grado, disbiosis intestinal y una respuesta atenuada a ciertas vacunas. Por su parte, la inactividad física puede afectar tanto la respuesta inmune innata como la adaptativa, reduciendo la capacidad del organismo para enfrentar patógenos.
Los especialistas advierten que, dado el aumento sostenido del sobrepeso y la obesidad en adolescentes, es probable que la incidencia de infecciones bacterianas graves también crezca en el futuro si no se implementan medidas preventivas.
También, destacan que promover hábitos saludables, actividad física regular y estrategias de control del peso desde la juventud podría ser clave para reducir riesgos a largo plazo.
El estudio, uno de los primeros en explorar esta relación de forma tan amplia, abre la puerta a nuevas investigaciones sobre prevención y salud pública en poblaciones jóvenes, especialmente frente a enfermedades infecciosas que continúan siendo una causa significativa de morbilidad y mortalidad a nivel global.
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