Parásito ocular poco común puede causar ceguera en usuarios con lentes de contacto

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Evitar el contacto de los lentes de contacto con el agua y mantener una higiene adecuada puede marcar la diferencia entre una infección tratable y una pérdida visual irreversible. Foto tomada de CNN.

Lo que comenzó como una leve molestia ocular terminó convirtiéndose en una experiencia devastadora para Teresa Sánchez. Durante un viaje a México, la mujer empezó a sentir sequedad y una sensación punzante persistente en su ojo derecho. Pensó que se trataba de un problema menor relacionado con sus lentes de contacto, pero tres meses después descubriría que un parásito microscópico estaba destruyendo su córnea de forma progresiva.

El diagnóstico fue queratitis por Acanthamoeba, una enfermedad poco frecuente pero potencialmente cegadora que afecta principalmente a personas que usan lentes de contacto. “No podía abrir las persianas por el dolor intenso que sentía”, relató Sánchez tras meses de diagnósticos erróneos y tratamientos ineficaces.

¿Qué es la queratitis por Acanthamoeba?

La queratitis es la inflamación de la córnea, la capa transparente y protectora del ojo que cumple un papel esencial en la visión. En el caso de la queratitis por Acanthamoeba, esta inflamación es causada por un parásito unicelular que se encuentra de forma natural en el agua y el suelo.

Según explicó el doctor Jacob Lorenzo-Morales, profesor de parasitología de la Universidad de La Laguna (España), la Acanthamoeba no necesita un huésped para sobrevivir. Una vez entra en contacto con el ojo, puede adherirse a la córnea y, si existen pequeñas lesiones en su superficie, penetrar en capas más profundas.

Aunque se trata de una enfermedad rara, con unos 23.000 casos anuales reportados en el mundo, entre el 85 % y el 95 % de las personas afectadas usan lentes de contacto. Así lo indicó el doctor Paul Barney, optometrista y director del Pacific Cataract and Laser Institute de Alaska.

Los lentes pueden provocar microabrasiones en la córnea y también servir como vehículo para que el parásito quede atrapado entre el lente y el ojo, facilitando la infección. Ducharse, nadar o dormir con lentes de contacto aumenta significativamente el riesgo.

Síntomas que suelen confundirse con otras infecciones

Uno de los principales desafíos de esta enfermedad es su diagnóstico temprano. Sus síntomas iniciales pueden parecerse a los de una conjuntivitis o a otras infecciones corneales más comunes.

Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran:

  • Dolor ocular intenso
  • Sensibilidad extrema a la luz
  • Visión borrosa o nublada
  • Enrojecimiento
  • Sequedad y lagrimeo excesivo
  • Sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo

La falta de conocimiento sobre esta patología hace que muchos pacientes reciban diagnósticos erróneos, como queratitis herpética o conjuntivitis bacteriana, lo que retrasa el tratamiento adecuado y permite que el daño avance.

Cuando el diagnóstico llega tarde

Grace Jamison, una joven de 20 años, contrajo la infección tras ducharse con lentes de contacto durante un viaje a República Dominicana. Al regresar a Estados Unidos, fue diagnosticada erróneamente y tratada con gotas con esteroides. En cuestión de días, perdió la visión de ambos ojos.

“Cuando estuve completamente ciega, me di cuenta de cuántas cosas había dejado de apreciar”, contó Jamison, quien hoy enfrenta secuelas permanentes en su visión debido a las cicatrices corneales.

Eliminar a la Acanthamoeba es especialmente complejo. El parásito es altamente resistente y puede encapsularse en forma de quiste, permaneciendo latente durante meses o incluso años.

Los tratamientos de primera línea incluyen colirios antiamebianos como la clorhexidina o la hexamidina, que deben aplicarse con mucha frecuencia y durante largos periodos. Estas gotas suelen ser muy dolorosas y pueden afectar la calidad de vida del paciente.

En casos avanzados, cuando la córnea presenta cicatrices severas o perforaciones, puede ser necesario un trasplante de córnea, aunque este procedimiento no siempre garantiza una recuperación total y conlleva riesgos adicionales.

El diagnóstico temprano mejora significativamente el pronóstico. Para ello, los especialistas recomiendan:

  • Un historial detallado sobre el uso y cuidado de lentes de contacto
  • Pruebas como raspado corneal, cultivos o PCR
  • Técnicas avanzadas de imagen, como la microscopía confocal

Sin embargo, estas pruebas no están disponibles en todos los centros médicos, lo que obliga a muchos pacientes a consultar con especialistas en córnea en hospitales universitarios

Cómo reducir el riesgo de infección

Los expertos coinciden en que la prevención es clave. Algunas recomendaciones esenciales incluyen:

  • Nunca limpiar ni guardar lentes de contacto con agua
  • Cambiar la solución del estuche todos los días
  • Lavarse y secarse bien las manos antes de manipular los lentes
  • No dormir, ducharse ni nadar con lentes de contacto
  • Preferir lentes desechables diarios en lugar de mensuales
  • Usar gafas protectoras graduadas para actividades acuáticas

En algunos casos, la cirugía refractiva puede ser una alternativa para reducir la dependencia de los lentes de contacto, siempre bajo evaluación médica.

“Es difícil, pero hay que resistir”

Para quienes atraviesan esta enfermedad, el proceso puede ser largo y emocionalmente agotador. Teresa Sánchez, quien logró recuperar visión 20/20 tras un trasplante de córnea, insiste en la importancia de la paciencia y la confianza en el equipo médico.

“Los resultados no son inmediatos, pero llegan”, afirmó. Tanto ella como otros pacientes recomiendan buscar apoyo en comunidades en línea para compartir experiencias y sentirse acompañados durante el tratamiento.

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