Durante años, la posible relación entre el aborto inducido, la pérdida gestacional y el riesgo de cáncer de mama ha sido motivo de preocupación, debate público y difusión de información errónea. Sin embargo, una nueva investigación basada en datos poblacionales de alta calidad aporta evidencia contundente para desmontar este mito.
Un estudio de casos y controles desarrollado en Finlandia concluyó que los antecedentes de aborto inducido o de pérdida gestacional no se asocian con un mayor riesgo de cáncer de mama, ni en mujeres premenopáusicas ni posmenopáusicas. Los hallazgos fueron publicados en la revista científica Acta Obstetricia et Gynecologica Scandinavica.
Evidencia solida para desmontar un mito persistente
La investigación fue liderada por el Dr. Oskari Heikinheimo, de la Universidad de Helsinki y el Hospital Universitario de Helsinki, quien explicó que la hipótesis de una posible relación ha alimentado temores durante décadas. “Esta preocupación ha persistido y ha contribuido a la propagación de desinformación”, señaló el especialista, destacando que el uso de registros nacionales finlandeses permitió evaluar el riesgo con alta confiabilidad.
Tras analizar los datos, los investigadores no encontraron diferencias significativas en la probabilidad de desarrollar cáncer de mama entre mujeres con antecedentes de aborto inducido y aquellas sin ellos. Lo mismo ocurrió al evaluar antecedentes de pérdida gestacional.
Uno de los puntos más relevantes del estudio fue analizar si el número de abortos o pérdidas gestacionales podía influir en el riesgo oncológico. El resultado fue consistente: no se observaron variaciones significativas.
Incluso en mujeres con tres o más abortos inducidos, el riesgo de cáncer de mama se mantuvo comparable al de quienes no tenían antecedentes, lo que refuerza la ausencia de una relación causal. Para los autores, este hallazgo permite ofrecer información basada en evidencia a mujeres que enfrentan decisiones o complicaciones en etapas tempranas del embarazo.
La edad al primer aborto, un hallazgo marginal
El análisis identificó una leve asociación entre un primer aborto antes de los 20 años y el riesgo de cáncer de mama posmenopáusico. No obstante, los investigadores enfatizaron que se trata de un resultado limítrofe y probablemente atribuible al azar.
De acuerdo con Heikinheimo, si existiera una relación biológica real, esta debería manifestarse con mayor fuerza en cáncer premenopáusico, algo que no ocurrió. Además, entre el evento reproductivo y el diagnóstico pueden transcurrir más de 30 años, lo que reduce la plausibilidad causal.
Factores que sí influyen en el riesgo
Aunque el aborto y la pérdida gestacional no mostraron asociación, el estudio confirmó factores ya reconocidos por la literatura científica.
Tener el primer parto antes de los 20 años evidenció un efecto protector, especialmente frente al cáncer premenopáusico. En contraste, el uso prolongado de terapia hormonal, sobre todo aquella que incluye progestágenos continuos durante cinco años o más, se vinculó con un aumento del riesgo posmenopáusico. Estos resultados refuerzan la validez y consistencia de los datos analizados.
El estudio incluyó a 31.687 mujeres con cáncer de mama diagnosticadas entre 1972 y 2021, comparadas con 158.433 mujeres del grupo control, emparejadas por año de nacimiento y número de partos.
Casi el 49 % de los casos se diagnosticaron antes de los 50 años. La edad mediana al primer aborto inducido osciló entre los 26 y 29 años, mientras que la pérdida gestacional ocurrió, en promedio, entre los 31 y 32 años.
Aunque no se dispuso de información sobre variables como edad de menarquia, consumo de alcohol, índice de masa corporal o anticoncepción hormonal, el análisis sí ajustó factores clave como paridad y terapia hormonal. En el contexto de los derechos reproductivos y la atención en salud, los autores subrayan que los hallazgos tienen implicaciones directas para la práctica clínica.
La evidencia permite descartar que el aborto inducido o la pérdida gestacional sean factores de riesgo para cáncer de mama, ofreciendo así un mensaje de tranquilidad y contribuyendo a reducir la estigmatización y la desinformación.
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