“La obesidad es una enfermedad y no un asunto cosmético”, afirmó la Dra. Mary Joahn Rodríguez, especialista en medicina interna y obesidad, durante el Foro Especializado organizado por PHL en el marco del Día Mundial de la Obesidad. Con esta declaración se abrió una conversación profunda sobre una condición crónica que afecta a más del 70 % de la población entre sobrepeso y obesidad en Puerto Rico y Estados Unidos.
Respaldado por el Hospital Auxilio Mutuo y asociaciones profesionales de la salud, el encuentro reunió a expertos para elevar la discusión hacia un abordaje integral, basado en evidencia científica y centrado en el paciente.
Terapias innovadoras y manejo a largo plazo
“Con una pérdida de apenas 10 % del peso corporal ya se observan mejorías clínicas significativas”, explicó la Dra. Rodríguez al detallar el impacto de las terapias basadas en incretinas. Según señaló, reducciones que pueden alcanzar hasta un 20 % se traducen en mejor control de hipertensión, diabetes tipo 2, apnea del sueño y calidad de vida.
Durante su intervención destacó que medicamentos como el semaglutide y el tirzepatide han ampliado las opciones terapéuticas al ofrecer aplicaciones semanales, mayor tolerancia y resultados en doble dígito. No obstante, insistió en que la obesidad debe tratarse como una condición crónica, con seguimiento continuo y compromiso sostenido.
Asimismo, advirtió que la interrupción abrupta del tratamiento puede provocar el retorno del aumento del apetito y reganancia de peso, explicando que estos cambios responden a mecanismos fisiológicos de compensación y no a fallas del paciente.
La obesidad como enfermedad neuroendocrina
Desde la perspectiva endocrinológica, la Dra. Margarita Ramírez, endocrinóloga y catedrática del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, explicó que la obesidad tiene una base hormonal y metabólica compleja.
Detalló el funcionamiento del eje cerebro–intestino–tejido adiposo, señalando que el tejido adiposo actúa como un órgano endocrino activo y que hormonas como la GLP-1 influyen tanto en la saciedad como en la regulación de la insulina. Además, abordó los mecanismos de compensación tras la pérdida de peso, cuando el organismo reduce el gasto energético para conservar energía. “No es un problema de falta de voluntad, es biología”, recalcó.
La especialista también subrayó la importancia de desterrar el prejuicio en torno a los pacientes con obesidad y promover un enfoque clínico más empático y basado en la evidencia científica.
Riesgos de fórmulas compuestas y productos no aprobados
La Dra. Leticia Hernández Dávila, endocrinóloga certificada en manejo de obesidad, abordó uno de los temas más sensibles del encuentro: el uso de fórmulas compuestas o productos no aprobados por la FDA.
“Es una situación peligrosa cuando pacientes utilizan fórmulas compuestas en lugar de medicamentos aprobados y regulados”, advirtió. Explicó que los medicamentos originales pasan por estudios preclínicos, ensayos clínicos fase 1, 2 y 3, evaluaciones de seguridad cardiovascular y estrictos controles de pureza y concentración entre lotes.
En contraste, señaló que las formulaciones preparadas en farmacias de compuestos no atraviesan el mismo proceso regulatorio ni la misma evaluación exhaustiva de eficacia y seguridad, lo que puede generar variabilidad en dosis, riesgo de contaminación, errores de administración y efectos adversos más pronunciados.
Asimismo, enfatizó que mezclar agentes activos con otras sustancias —como carnitina o vitaminas— implica utilizar combinaciones que no cuentan con estudios clínicos robustos que respalden su seguridad o efectividad.
Nutrición, calidad alimentaria y ejercicio de fuerza
El componente nutricional estuvo a cargo de la Lcda. Jennifer Santana, Nutricionista del Hospital Auxilio Mutuo, quien enfatizó que la calidad de los alimentos impacta directamente las señales hormonales que regulan el apetito y la saciedad.
Explicó que los alimentos ultraprocesados pueden alterar estos mecanismos y favorecer el consumo excesivo, mientras que una alimentación rica en proteínas de alto valor biológico, fibra y adecuada hidratación optimiza los resultados del tratamiento farmacológico y ayuda a preservar la masa muscular.
Asimismo, destacó la relevancia del ejercicio con peso dentro del tratamiento integral. “El entrenamiento de fuerza permite mantener activo el metabolismo, mejorar la sensibilidad a la insulina y sostener la pérdida de peso a largo plazo”, indicó, resaltando la sinergia entre tratamiento médico, nutrición y actividad física.
Transformar la narrativa y fortalecer el acceso
A lo largo del foro, las especialistas coincidieron en la urgencia de cambiar la narrativa social en torno a la obesidad. La evidencia científica demuestra que existen factores genéticos, metabólicos, ambientales y psicosociales involucrados en su desarrollo, por lo que el abordaje debe ser multidisciplinario y continuo.
El evento concluyó con un mensaje claro: reconocer la obesidad como una enfermedad crónica es esencial para reducir el estigma, ampliar el acceso a terapias innovadoras y garantizar un acompañamiento especializado a largo plazo.
Desde PHLATAM reafirmamos nuestro compromiso de continuar generando espacios de diálogo científico que impulsen una atención integral y centrada en el paciente.









