La pérdida progresiva del olfato, las alteraciones del sueño y algunos cambios sutiles en el comportamiento pueden ser señales tempranas de la enfermedad de Parkinson, incluso años antes de que aparezcan los síntomas motores más conocidos.
Así lo advierte el neurólogo Esteban Peña, director de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital Universitario La Moraleja, quien enfatiza la importancia de reconocer estas manifestaciones iniciales para lograr una detección precoz.
Síntomas silenciosos que suelen pasar desapercibidos
Aunque el temblor es uno de los signos más reconocidos del Parkinson, no siempre es el primero en aparecer. En etapas iniciales, pueden presentarse síntomas menos evidentes como:
- Disminución del sentido del olfato
- Alteraciones del sueño
- Cambios en la expresión facial
- Escritura más pequeña o menos legible
Estos signos suelen confundirse con el envejecimiento natural, lo que retrasa el diagnóstico y el inicio del tratamiento.
Además, durante la fase REM del sueño, algunos pacientes pueden experimentar movimientos bruscos, hablar o gesticular mientras duermen, lo que puede ser una señal temprana de cambios neurológicos.
¿Qué ocurre en el cerebro?
El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa progresiva caracterizada por la pérdida de neuronas que producen dopamina, una sustancia clave para el control del movimiento.
A medida que disminuyen los niveles de dopamina, comienzan a manifestarse síntomas motores como:
- Lentitud en los movimientos
- Rigidez muscular
- Problemas de coordinación
También pueden observarse cambios como la disminución del balanceo natural de los brazos al caminar o una marcha más lenta sin causa aparente. Detectar estos síntomas en fases iniciales resulta determinante para iniciar un seguimiento clínico oportuno, ajustar tratamientos y anticiparse a la progresión de la enfermedad. Según datos de la Sociedad Española de Neurología, en España hay más de 200.000 personas con Parkinson y cada año se diagnostican aproximadamente 10.000 nuevos casos.
Hábitos que pueden ayudar a retrasar su progresión
En el marco del Día Mundial del Parkinson, expertos destacan que ciertos hábitos pueden contribuir a mejorar la calidad de vida y ralentizar la evolución de la enfermedad:
Actividad física regular
Caminar entre 30 y 45 minutos diarios a paso ligero ayuda a mejorar la coordinación, el equilibrio y reducir la rigidez muscular.
Ejercicios de fuerza y equilibrio
El uso de bandas elásticas o pesas ligeras, así como prácticas como el tai chi, favorecen la estabilidad y previenen caídas.
Estimulación cognitiva
Actividades como sudokus, crucigramas, juegos de lógica o aprender un idioma fortalecen la memoria y la agilidad mental.
Higiene del sueño
Mantener horarios regulares para dormir y evitar el uso de pantallas antes de acostarse mejora la calidad del descanso.
La directora médica de Sanitas Mayores, Miriam Piqueras, subraya que es fundamental no normalizar ciertos cambios cuando afectan la vida diaria o aparecen de forma progresiva. Reconocer estas señales a tiempo puede marcar la diferencia en el abordaje del Parkinson, una enfermedad en la que la detección temprana sigue siendo una de las principales herramientas para mejorar el pronóstico.
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