Autora: Julia Michelle Santiago, creadora del movimiento JULIASTRONG, productora y conductora de JULIASTRONG THE PODCAST. Sobreviviente de cáncer colorrectal y presidenta de la Coalición, lidera iniciativas de concienciación, prevención y bienestar integral.
Hace 12 años fui diagnosticada con cáncer colorrectal, a mis 45 años. Como podrán imaginar, recibir este diagnóstico tan temprano en mi vida desató en mí un torbellino de confusión, angustia e incertidumbre. En ese momento, me encontraba activamente inmersa en el deporte de alto rendimiento: el triatlón era mi gran pasión.
“¿Por qué a mí?”, me pregunté repetidas veces.
La realidad es que me tomó mucha reflexión y una gran fuerza de voluntad aferrarme a mi fe y a mi deseo de sobrevivir. Pero, en el momento en que acepté lo que estaba viviendo, mi perspectiva cambió por completo.
Y es que la aceptación —ese acto de rendirse, en el buen sentido de la palabra, de entregarse a la realidad— libera. Detiene esa resistencia natural que sentimos al enfrentar una adversidad como un diagnóstico de cáncer. Reconocer todo lo que tienes para agradecer, incluso en los peores momentos, fomenta la resiliencia: un poder que todos poseemos.
No fue hasta que acepté lo que tenía entre mis manos y comprendí que, de alguna manera, la vida —el Universo, Dios, esa divinidad que nos protege— estaba presente, que experimenté un profundo sentimiento de gratitud.
Gratitud por seguir viva, aun cuando el cáncer había sido detectado en una etapa avanzada. Gratitud porque la vida misma se había encargado de “entrenarme” para este momento, despertando en mí la disciplina y la fortaleza necesarias a través del deporte de alto rendimiento. Gratitud porque mi familia no tendría que perderme tan pronto.
Fueron muchas más las razones para agradecer que para quejarme.
La gratitud, como bien se dice, convierte lo que tienes en suficiente y atrae más abundancia; en mi caso, abundancia en salud. Cuando te enfocas en lo que aprecias, comienzan a llegar más cosas buenas a tu vida. Y si lo que yo quería era sanar y vivir, entonces me correspondía agradecer.









